Marketing político, mercado electoral y las plataformas digitales en el 2028



Por Cándido Mercedes

“Internet no es simplemente una tecnología, es el medio de comunicación que constituye la forma organizada de nuestras sociedades”. (Manuel Castells: La Sociedad Digital).

En la sociedad individualizada que eclosionó con más vastedad a partir de los años 80 del siglo pasado, irrumpió como contraste, la Sociedad de la Información y entre 5 a 10 años después, la Sociedad del Conocimiento de que nos hablara, entre otros autores, Peter Drucker, en su libro de 1995 La Sociedad Postcapitalista. En un lapso muy corto, como parte de las ventanas de la era de la alta tecnología, llegó la sociedad de la red y hoy nos encontramos en la sociedad digital.

En esta temporalidad, caracterizada por la alta velocidad de los cambios, nos encontramos que, por primera vez en la historia de la humanidad, concurren simultáneamente siete generaciones distintas, a saber:

1) Generación Silenciosa (1928-1945).
2) Generación Baby Boomer (1946- 1964).
3) Generación X (1965 – 1981).
4) Generación Y – Millenials (1980 – 1990).
5) Generación Z – Zoomers (1990 -2000).
6) Generación Alfa (2010 -2020).
7) Generación Beta (2020 – hasta el 2030).

Esta coexistencia de siete generaciones distintas, y expresión de la longevidad, de cómo ha aumentado la esperanza de vida y con ello, el bienestar y el nivel de vida de una parte significativa de la humanidad. Hoy tenemos 8,300 millones de seres humanos en el planeta tierra. Veamos:

1) Continente Asiático con un 59% de la población mundial.
2) Continente Africano con un 16%.
3) Continente Europeo con un 8.7%.
4) Continente Americano con un 13%. 5% de América del Norte y 8% de América Latina.
5) Continente de Oceanía con 0.6%.
6) Continente Antártida.

Es lo que han dado en llamar la revolución multigeneracional que ha conducido, merced a la velocidad de la tecnología, a repensar el trabajo y con ello, al proceso de desaprender aprendiendo, haciendo del aprendizaje continuo algo vital para poder sobrevivir; sobre todo, allí donde en gran parte del mundo no existe la protección social, al tiempo que la configuración y desconfiguración que genera el ritmo del tecnofeudalismo está creando, tanto en la Generación Alfa como Beta, una generación ansiosa.

Es en ese contexto, donde visualizamos el marketing político y el mercado electoral dominicano, con el entramado de las plataformas digitales, los algoritmos, los bots y trolls, en una sociedad donde cada día se lee menos y el pensamiento crítico se desvanece como consecuencia del tránsito de una sociedad, en el plano político, mayormente liberal, a una cada vez más conservadora: derecha – centro derecha, a ultra derecha. ¿Hacia dónde acudirán los estrategas del marketing político, con los candidatos y los partidos de mayor competición, de cara al 2028?

¿Cómo conexionarán con la sociedad y cuáles serán los elementos cruciales para levantar los ánimos emocionales que hagan posible una participación electoral decente, donde la abstención no compita con el sufragio real?
La política tiene como esencia el juego del poder, por ello, es la ciencia del poder, de su acceso, es la que expresa en la praxis, el territorio por la competición. Para el 2028 la competición será más aguda que las dos elecciones precedentes (2020 y 2024).

El escenario de la más férrea competición fue para las elecciones del 2012, sin excluir la de 1996, donde ha sido la única que condujo a un balotaje, luego de la reforma del 10 de agosto del 1994, a raíz de la crisis postelectoral como consecuencia del fraude a Peña Gómez, que hoy hay evidencias de los datos como lo demuestran Bernardo Vega y el Embajador John Graham.

¿Qué estrategia de marketing político acusan los técnicos del marketing en un país donde el sistema partidario, de los 3 partidos con mayores posibilidades de acceder al poder, no tienen diferencias significativas desde la esfera ideológica y sus realizaciones en el marco general ha sido la misma? ¿Llevarán los estrategas más hastió y cansancio a los potenciales electores con comparar el pasado con el presente, sin ninguno hablar del futuro y de las reformas estructurales y un modelo con más inclusión y mejor bienestar, que coadyuve a más inversión en el capital humano, a menos exclusión, a menos desigualdad y a una mejor gobernanza que propicie un peso grandilocuente en la institucionalidad?

Allí donde el Índice de Desarrollo Humano sea el verdadero indicador que empuje el crecimiento con mejor distribución. Desde 1996 a la fecha no pasamos de un 2% en inversión en salud. El estudio, el conocimiento y la aprehensión de la realidad, con cierto rigor y objetividad, nos dice desde ahora que habrá mucha campaña negativa, sobre todo si hay actores políticos que ya fueron candidatos y/o presidentes. La intención lo señala. Serán las investigaciones que se hagan a partir de febrero – mayo de 2027 que nos dirán donde están los sesgos, los prejuicios, a través de investigaciones más cerca de los certámenes (febrero y mayo de 2028).

Porque “todas las decisiones de campañas tomadas en ausencia de información de calidad, son decisiones de riesgo”, dejando que la psicología del autoengaño y el punto ciego nos internalicen y nos hagan perder el horizonte, la perspectiva de la realidad.

¿Por qué el marketing político es más necesario que nunca, desde la perspectiva técnico-científico? Porque hay grandes cambios en la sociedad y la política y el sistema de partidos, está en una percepción de desconfianza muy alta, además de que la estrategia digital jugará una dimensión vital. La desafección política, la apatía, la abulia están ahí.

El sistema en sí mismo, el establishment tendrá que buscar candidatos que alienten a una renovación de la esperanza. Una renovación que no implique necesariamente a aquellos que ya han participado, sino también aquellos que tienen una vida política dilatada en el escenario político – social.

El marketing político constituye el conjunto instrumentos, de herramientas que conduce a las acciones y decisiones para fidelizar a los ciudadanos para el voto. ¿Cómo atraer luego de un buen diseño, de un diagnóstico, de una investigación que cubra todo el mapa electoral del padrón de la Junta Central Electoral? ¿Cómo, después del proceso de investigación, diagnóstico y diseño, alcanzamos a calibrar las actividades, opinión y el comportamiento de los potenciales votantes, palpitando el auditado con todos los sentidos el alcance del macroambiente y la realidad económica, social, institucional?

Porque el marketing político trasciende la comunicación política, la propaganda, es decir, la esfera de vender a los candidatos.

El marketing político contiene esas variables, empero, es mucho más. Es investigación y estrategia. El marketing político no importa el modelo: marketing político de Newman, Lees- Marse Ment (enfocado en el partido), Ormrods (orientación al mercado), sus bases es contar con informaciones que derivan de la realidad y auscultarla de la manera más objetiva, con flexibilidad y dimensión para atraer y transformar actitudes, sentimientos, emociones y verdad.

¿Cómo anda el mercado electoral y cómo han sido las alianzas desde el 2012? Es importante saberlo para ver cómo se anida el equilibrio de fuerzas en el campo político. Es bien conocida la frase “en el arte de la guerra y de campañas, el buen estratega debe comenzar por conocer el terreno en el que se ha de verificar la contienda”. Deberá en el momento visualizar la coyuntura política, tanto endógena como exógena. Hay que objetivar las dinámicas de los entornos económicos y sociales y los vínculos causales que se derivan de ellas, para evaluar las posibles correlaciones de poder y el grado de influencia, entendiendo siempre el campo de mutaciones y el juego político que se genera en las distintas valoraciones de los intereses que confluyen.

Actualmente de 33 países de la región somos el tercer país con más partidos reconocidos oficialmente por la entidad oficial, llamada a dar la validez. Argentina tiene 47 partidos. Perú 43. Costa Rica 34. República Dominicana tiene 34 partidos nacionales y 12 movimientos políticos locales. Las alianzas del 2012, 2016, 2020 y 2024 han sido de la manera siguiente:

a) Alianza en el 2012: PLD con 13. PRD con 5.
b) Alianza en el 2016: PLD con 14. PRM con 4 partidos.
c) Alianza, en el 2020: PLD con 7. PRM con 6 y Fuerza del Pueblo con 5.
d) Alianza del 2024: PRM con 20 partidos. Fuerza del Pueblo con 3.
De los 34 partidos nacionales solo cuatro se encuentran en la órbita de Centro izquierda y de izquierda, con una fuente pragmática merced a la coyuntura de sus “olfatos”, ellos son:
1) Alianza por la Democracia.
2) Alianza País.
3) Frente Amplio.
4) Opción Democrática.

Es claro que la fuerza de centro izquierda y de izquierda no solo adolece de un fuerte y enraizado liderazgo, sino que acusa una debilidad profunda en la conexión con el paradigma mediático. No tienen un ecosistema construido ni con los medios tradicionales ni en la plataforma digital. Sus discursos de diferenciación con los 30 partidos restantes, de Derecha, Centro y Ultra derecha, no logran articularse de manera sistemática, además de que su presencia en los medios suele ser muy ocasional y aislada a través de los que debían ser sus voceros.

Dado que se avizora una competición más reñida que el 2024, no se ve todavía por donde andarán los 31 partidos “emergentes” para el 2028. Los hay que desde su fundación nunca han ido a unas elecciones por su cuenta o postulado sus candidatos. Todo apunta a un tripartidismo. PRM, FP y PLD uno de ellos tres estará en el poder. De existir balotaje el partido que quede en tercer lugar se convertirá en la fuerza de más atracción, pues por donde giren sus votantes y sus líderes determinará el ganador. Observando el panorama, está claro, como sentido de existencia a mediano y largo plazo que, si el PLD queda en tercer lugar, privilegiará al PRM, pues un triunfo de Fuerza del Pueblo, apoyado por el PLD significaría la desaparición de este más rápidamente.

Como nos dice Robert A. Dahl en su libro La democracia “La democracia ofrece cinco oportunidades para: Participación efectiva; Igualdad de voto; Alcanzar una comprensión ilustrada; Ejercitar el control final sobre la agenda; Inclusión de los adultos”. Define la democracia como un ideal político y como un sistema de organización política concreta. El marketing político con las plataformas digitales que deberán ser reguladas, arrojará posibilidades de información, comunicación y organización que aportan las nuevas tecnologías, donde no sabemos diferenciar la verdad de la mentira, de cómo corren la desinformación, la manipulación y la pos verdad. Los bots y los trolls jugarán un rol estelar en esta era de la red, de la sociedad digital.

Como nos diría David Innerarity en su libro La libertad democrática “Es cierto que la democracia es una construcción política que experimenta avances y retrocesos, que no tiene asegurada su inmortalidad, se mantiene en pie sobre una cultura política que puede debilitarse y requiere cuidado, protección y virtudes cívicas”.

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