VISIÓN GLOBAL
Nelson Encarnación
La concesión del Nobel de la Paz a la jurista sudafricana Navi Pillay representa una conexión con el personaje más grande del siglo XX a nivel mundial, Nelson Mandela, quien también fue merecedor del reconocimiento de la Academia Sueca.
Pero, además, representa una recuperación de la decencia del Comité del Nobel, luego del traspié que significó premiar a la venezolana María Corina Machado, uno de los más resonantes desaguisados en perjuicio del bien ganado prestigio de la Fundación Alfred Nobel.
La señora Pillay tiene los méritos que le faltaban a la señora Machado para recibir el honor que distingue a las personalidades que verdaderamente han aportado para el bienestar de la humanidad.
Ella fue una de las voces unidas a Mandela para mantener viva la lucha por el fin de uno de los sistemas más oprobiosos de la historia reciente, como fue el régimen de segregación racial predominante en Sudáfrica durante casi medio siglo.
Defendió en los tribunales a Mandela y a otros perseguidos del régimen racial en las cruentas luchas contra el apartheid.
Pero la flamante Nobel de la Paz tiene sus propios atributos más allá de aquella lucha que se hizo popular en el mundo, al extremo que el emblemático barrio de Soweto es, probablemente, el lugar más conocido de Sudáfrica a nivel global.
Un dato que para nada es menor en las actuales circunstancias, y es que, si bien Pillay había cesado como jueza de la Corte Penal Internacional, la orden de arresto que la CPI emitió en noviembre de 2024 contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, fue un proceso encaminado a instancia del Gobierno sudafricano, por lo que no descarta que su experiencia y prestigio sirvieran como motor para procurar el enjuiciamiento del criminal de lesa humanidad.
Esto gana relieve especial cuando el Gobierno israelí la emprende contra ella acusándola de instigar el odio contra “el pueblo judío”, un chantaje que se ha extendido a nivel global con el propósito de silenciar a quienes critican el genocidio en Gaza llevados a cabo bajo las órdenes de Netanyahu.
Si el Gobierno sudafricano se auxilió de sus valiosos servicios, hizo lo correcto, pues ha provocado que este criminal solo pueda viajar a Estados Unidos y unos pocos países sin ser arrestado.
Fue el único Estado que se atrevió a presentar la acusación formal contra el genocida que gobierna en Israel, logrando documentar, de manera irrefutable, la muerte de más de 50,000 personas al momento de presentar el expediente, entre las cuales desgarran el alma los más de 20,000 niños que cayeron bajo el fuego del ejército del país hebreo.
Mientras el Gobierno sudafricano emprendía sus acciones legales, la inmensa mayoría de los países volteaba la mirada, con lo cual se hicieron cómplices del genocidio, por omisión.
Quien guarda silencio ante una barbarie, se suma a ella. Con el reconocimiento a Pillay, Nelson Mandela está de regreso.
Nelsonencar10@gmail.com
