Cuando la política adopta completamente las reglas del entretenimiento, el dirigente necesita mantener permanentemente la atención.Noticias de famosos y entretenimiento
Marino Beriguete
El primer partido digital, cuyo presidente será Santiago Matías, empezó a recolectar firmas de electores este domingo 16 en streaming desde Santiago de los Caballeros. La noticia podría parecer una curiosidad dentro de una democracia acostumbrada a partidos tradicionales, locales partidarios, mítines y estructuras territoriales. Sin embargo, conviene observarla con atención. Puede estar comenzando un fenómeno político que Mario Vargas Llosa lo describió en su libro -La civilización del espectáculo-, cuando advirtió que el entretenimiento comenzaba a ocupar espacios antes el pensamiento anquilosado y la información y la política del siglo pasado.

Vargas Llosa no conoció el alcance que tendrían sus palabras no vio el TikTok, Instagram ni las transmisiones digitales actuales. Tampoco pudo observar una generación acostumbrada a recibir información política desde un teléfono durante pocos segundos. Pero entendió que la cultura contemporánea avanzaba hacia una sociedad donde captar atención podía resultar más importante que desarrollar argumentos, ideas y pensamiento, estamos viviendo la sociedad del espectáculo.
Santiago Matías conoce perfectamente ese territorio digital de este país. Alofoke ha construido una audiencia que ningún partido dominicano la ha podido lograr por su mal manejo en este siglo XXI. Alofoke habla diariamente con sectores jóvenes, conoce sus códigos, comprende sus frustraciones y maneja con eficacia los mecanismos digitales que determinan qué conversación consigue relevancia. Mientras los dirigentes tradicionales convocan reuniones donde participan las mismas personas, Matías puede dirigirse simultáneamente a cientos de miles de ciudadanos.
Eso modifica las condiciones de la competencia política.
Los partidos dominicanos todavía funcionan mediante métodos creados durante el siglo pasado. Mantienen comités, estructuras territoriales, caravanas, reuniones y discursos extensos. Alofoke procede desde otra lógica. Primero construyó audiencia, después comunidad y ahora intenta convertir esa capacidad comunicativa en organización política. La pregunta consiste en determinar si una audiencia puede transformarse finalmente en electorado.
No debemos responder demasiado rápido.
La democracia deliberativa, permite ampliar la participación, pero también introduce problemas. Un ciudadano convertido principalmente en consumidor de contenidos puede terminar evaluando candidatos mediante emociones inmediatas. La popularidad puede desplazar la competencia. El número de seguidores puede confundirse con legitimidad política. Una transmisión exitosa puede tener mayor impacto electoral que una propuesta sobre educación, seguridad, salud o crecimiento económico.
Aquí comienza la discusión que Vargas Llosa anticipaba. Cuando la política adopta completamente las reglas del entretenimiento, el dirigente necesita mantener permanentemente la atención del público. Cada declaración requiere impacto. Cada controversia produce circulación. Cada adversario proporciona contenido. La deliberación democrática, en cambio, necesita tiempo, argumentos, contradicciones y ciudadanos dispuestos a escuchar aquello que incluso puede resultarles incómodo.Política
Pero sería equivocado despachar a Alofoke como simple entretenimiento. Hacerlo demostraría que los partidos tradicionales continúan sin comprender la transformación social que tienen delante. Su crecimiento expresa que existe un cansancio en las organizaciones políticas en el país envejecidas, dirigentes repetidos y mecanismos partidarios que muchos jóvenes consideran ajenos.
Santiago Matías puede fracasar. También puede sorprender.
Lo importante ahora no consiste únicamente en saber cuántas firmas conseguirá. Debemos observar qué ciudadanos aparecerán detrás de esas firmas, cuáles son sus demandas y por qué encuentran representación en alguien surgido de los medios digitales.Noticias de famosos y entretenimiento
Quizás estemos presenciando el inicio de una nueva forma de organización política. Vargas Llosa lo advirtió sobre una civilización dominada por el espectáculo. Santiago de los Caballeros, es el comienzo para entrar formalmente en la democracia del espectáculo.
