Desviación primaria y secundaria en la delincuencia y el fenómeno del etiquetado



Por Cándido Mercedes

“Nuestro orgullo es el que nos hace cumplir con nuestro deber”. (Friedrich Nietzsche).

Somos una sociedad que horridamente etiquetamos. Construimos una “identidad” a través de los significados que le damos a los estereotipos, lo cual significa “fichar” al otro por su origen, por el sector donde vive, por la ropa que usa, como baila y hasta por el vehículo que tiene.

El etiquetado, desde la sociología, “es el proceso por el cual ciertos individuos y grupos sociales son identificados como poseedores de ciertas características, que les atribuyen otros individuos o grupos que poseen el poder y la influencia necesarias para que funcionen estas etiquetas”.

La sociología de la desviación y la criminología abordan esta problemática desde la visión del poder, de la estructura de poder, de todos los elementos integrados del poder (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), conjuntamente con los aparatos hegemónicos ideológicos culturales, mayormente, en nuestro país, los medios de comunicación que coadyuvan en el plano “blando”, a darle la panorámica de socialización que fortalece al statu quo en estos hechos sociales.

Construyen la percepción del establishment más allá de la realidad real.

El etiquetado es la mediación en el diseño de la arquitectura del poder, de excluir al otro, de analizar, de evaluar y diagnosticar para objetivizar una “verdad” desde el bucle y ancla de la persuasión y perpetuación, sin que importe la aniquilación de los etiquetados, tanto en el caso dominicano por los aparatos coercitivos del estado (Policía Nacional), como de los centros hegemónicos culturales, articulados en los medios. La mayoría alienados por la no comprensión del mundo en que interactúan y el desgarre del conocimiento.

Las evidencias empíricas no respaldan la actitud atroz de la organización policial, que trasciende su accionar. El Artículo 255, en cuatro numerales de su misión establece:

1) Salvaguardar la seguridad ciudadana.
2) Prevenir y controlar los delitos.
3) Perseguir e investigar las infracciones penales bajo la dirección legal de la autoridad competente.
4) Mantener el orden público para proteger el libre ejercicio de los derechos de las personas y la convivencia pacífica de conformidad con la Constitución y las leyes.

En el Titulo II de los Derechos, Garantías y Deberes Fundamentales, Capítulo I: De los Derechos Fundamentales, Sección I: De los Derechos civiles y políticos, el Artículo 37 termina con “…No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte”.

Veamos los indicadores económicos, sociales y de seguridad que existen en la sociedad para “tratar” de entender y en esencia buscar el hilo conductor de esta despiadada acritud, que no se corresponden con nada, más allá del populismo, de la “popularidad” que da la “mano dura”:

1) La pobreza monetaria ha bajado a 14.7, de 23 que estaba en 2019.
2) La desigualdad social, que llegó a estar en 0,49 en 2012 y en 0,41 en 2019, hoy se encuentra en 0.38.
3) Por primera vez en la historia económica nacional, el desempleo abierto se encuentra en 4.7 y el ampliado con menos de dos dígitos: 8.6. Actualmente hay en el país 5,247,527 empleos, tanto formales como informales y la informalidad laboral se encuentra en 53.1.
4) La indigencia o pobreza absoluta ha disminuido significativamente, rondando apenas un 2.4%.
5) Los Ni Ni, que en algún momento éramos los líderes en la región (29%), ha descendido a un 19%.
6) La tasa de homicidios que llegó a estar en 24, 25 y 26 en los años 2010, 2011 y 2012, muy por encima del promedio de la región que se encontraba en 21, está entre los 6 países más baja en el ranking. 2025: 8.7 y hasta agosto de 2026: 7.4. Con el mes de septiembre: 55 y hoy 24 de octubre, Día del Sociólogo, al momento de escribir este artículo, se encuentra alrededor de 8.6 a 9, en lo que va de año. La tasa de victimización ha disminuido entre un 27 a 30 por ciento.
7) En los 16 años consecutivos del PLD en el poder, la riqueza creció en dólares de US$23,000 a US$78,899 millones de dólares, esto es, US$ 55,000 millones; vale decir, 3,437.5 millones anuales. Hoy, la economía dominicana, en medio de la incertidumbre, volatilidad y turbulencia más dramática de los últimos 60 años, en 6 años, esta ha crecido US$58,000 millones de dólares, a razón de 9,600 millones de dólares anuales.

Si todos los indicadores sociales y económicos han mejorado, ¿por qué crece la violencia policial?

Veamos algunas hipótesis que podríamos elaborar para orientarnos en la dinámica social y política:

1) La imaginación expansiva que ocasiona en el cerebro la difusión mediática de los delitos y las desviaciones, en el cuerpo social dominicano.

2) La creencia del dominicano de que todos los homicidios dolosos son parte de la delincuencia y del crimen organizado. Aquí y ahora los homicidios causados por la Policía representan cuasi un 25%. Los feminicidios un 8.4%. La violencia social o conflictividad social se encuentran entre un 58 y un 60%.

3) El alcance de popularidad que tiene la mano dura y el populismo de ultraderecha, con respecto al comportamiento desviado y los delitos. En el ranking de Latinobarómetro fuimos líder, con 69, sobre la percepción de la mano dura, donde el promedio fue de 63.

4) El retroceso y deterioro de la democracia en el mundo entero, que viene tipificando una ola de autocracia, autoritarismo y dictadura, no vista desde 1978 con el despertar de la transición democrática en América Latina y el Caribe. Habría que objetivar que tan coyuntural o sistémico sería para los próximos años. Latinobarómetro nos situó en un 47 en apoyo a la democracia, cuando en 2024 tuvimos un 55. En la región fue 52 en 2024 y 52 en 2026.

5) Finalmente, como hipótesis, es la apesadumbrada desconfianza en las instituciones. Congreso: 30. Partidos políticos: 20. Policía Nacional: 24 en satisfacción y 21 en confianza. En la investigación de Interior y Policía, solo un 13% de la ciudadanía confía en la institución llamada a cumplir las tres P: Prevenir, Perseguir y Proteger.

¿Qué ha pasado con una política de Estado que data de 30 años y más de 7,264 “intercambios de disparos, intervenciones legales o acciones legales o muertes extrajudiciales? La respuesta es: hacer más criminales a los que eligen para matar en la Policía y más violentos a los potenciales criminales civiles, pues saben que como quiera le aplicarán el “Código 29”, pues el Estado tiene un hondo vacío, una ausencia cuasi total en aplicar medidas de Justicia Restaurativa con los que cometen delitos, más aún con aquellos que forman parte de la desviación primaria.

Desviación Primaria es aquella que, como dice Anthony Giddens y Philips W. Sutton, “Lemert denominó a estos actos iniciales de transgresión desviación primaria. En la mayoría de los casos, son marginales en la propia identidad de la persona. Infracciones pequeñas y el robo a pequeña escala”.

Desviación Secundaria, señalan los autores referidos citando a Lemert que es “Describir los casos en los que las personas llegan a aceptar esta etiqueta y se consideran a sí mismos como desviados”. En la primaria se infringe una norma social o legal, empero, el individuo no se ha desconfigurado en su identidad, convirtiéndose en una conducta aislada u ocasional. No es parte central, consustancial, de su existencia vital.

El comportamiento de la desviación primaria no forma parte de su modus vivendi y modus operandi.

La sociedad dominicana, asombrosamente, estigmatiza, rechaza y margina por igual a los que se desvían, tanto de manera perpetua, sistemática y ocasional o aislada, dificultando la justicia restaurativa, que el ecosistema político, jurídico y carcelario adolece de manera holística. La Justicia Restaurativa es “La teoría y proceso de la justicia penal que se centra en la reparación del daño causado a las víctimas de delitos, requiriéndose la participación de todos los implicados”.

Los jóvenes entre 17 a 25 años representan más del 16% de la población total, sin embargo, de los más de 200 asesinatos ocasionados por la policía en lo que va de 2026, más del 80% está en la franja etaria de ese grupo de edad. Lo que viene a constituir categorialmente un patrimonio de los jóvenes varones de clase baja, la tasa de homicidios dolosos propiciados por la organización que cumplió 90 años.

La justicia restaurativa, como espina dorsal de rehabilitación, no ocurre en la formación social dominicana.
No hay un equilibrio entre las prisiones y el castigo. Entre el 64 y 65% de los privados de libertad actualmente, son preventivos. Algunos nunca han ido a los tribunales, teniendo 3, 5, 7 años por una infracción que no trascendería un mes por el delito cometido. Una gran parte sale más desviada que cuando ingresó a la cárcel. Jóvenes que han enviado a prisión preventiva de 1, 2 y 3 meses y han durado años por no tener abogado, ni ser llevados de nuevo a los tribunales.

Una sociedad medularmente aporofóbica. La ausencia del rol del Estado, más los factores sociales, conducen de manera inexorable a la desviación y a los delitos. Platón lo graficó hace miles de años “Yo declaro que la justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte”.

Cuando los vínculos se desvanecen, el grado de delitos y desviación se recrudece más allá de lo aceptable y manejable. ¿Cuáles son esos vínculos?

a) Apego a los padres.
b) El compromiso con el estilo de vida convencional.
c) La implicación en actividades que realiza la mayoría.
d) La creencia en el respeto a la ley y a la autoridad.
¿Cuáles son los patrones de la delincuencia en la sociedad dominicana? Los registros de los delitos:

a) Robo con allanamiento.
b) Robo de vehículos.
c) Robo de celular y cartera.
d) Robo en los vehículos.
e) Robo de motor y pasola.
f) Delitos por drogas.
g) Violencia contra personas.
h) Atracos.
i) Delitos sexuales.
j) Ciberdelincuencia: tarjetas de créditos, transferencias de dinero y acoso cibernético.

Exclusión social y desigualdad: “La delincuencia y la desviación son el resultado de tensiones estructurales y de una falta de regulación moral dentro de la sociedad. Si las aspiraciones de los individuos y de los grupos sociales no coinciden con las recompensas disponibles, esta disparidad entre los deseos y la realización de éxitos se percibe en las motivaciones desviadas de algunos de sus miembros”.

La exclusión “Es el proceso que actúa para denegar de manera efectiva la plena ciudadanía a ciertos grupos sociales”.

Cada día más, en sociedades como la nuestra, donde vivimos en la región más desigual del mundo, deviene la anomia social que, al decir de Robert Merton, señala que esta existe “cuando las personas experimentan una tensión social entre los objetivos culturales de la sociedad y las capacidades del individuo para cumplirlas”. Se da, una ostensible contradicción, entre las expectativas culturales de la sociedad del éxito y las posibilidades reales y capacidades.

Juvenal ya dijo una vez “Nadie se hace malvados de repente”. La policía mata jóvenes que el mismo sistema político crea, a través del orden y organización social establecida en la conjunción y asunción de su estructura económica, de su estructura social, económica e institucional. Crea seres humanos con falencias, carencias y ausencias de respuestas proactivos, de factores sociales. Solo hay que verificar el perfil sociodemográfico de la delincuencia: familia disfuncional, rotas, padres ausentes, niveles de escolaridad bajos, absentismo escolar, el consumo de drogas y otras adicciones a temprana edad.

En el mundo de la Generación Ansiosa, las tensiones intensas de ansiedad se multiplican por los rápidos cambios sociales.
Byung-Chul Han en su libro El espíritu de la esperanza dice: “Quien tiene esperanza no pone su atención en la esencia, en lo que ha sido ni en la presencia de las cosas, sino en su futuro, en sus posibilidades futuras.

El pensamiento esperanzado no se articula en conceptos, sino en anticipaciones y en presentimientos. Es la esperanza que nos abre el campo de posibilidades antes de que podamos fijarnos un objetivo concreto”.

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