El dirigente político César Fernández, miembro de la Dirección Política de la Fuerza del Pueblo, denunció que la licitación del monorriel de Santo Domingo “carece de transparencia” y fue diseñada “a la medida” de una empresa específica, advirtiendo que la obra representa un riesgo técnico, financiero y ético para el país.
Durante una entrevista en el programa Esto No Tiene Nombre, Fernández sostuvo que el Gobierno ha convertido el mecanismo de los fideicomisos públicos en un refugio de opacidad. “Ni siquiera el Congreso puede fiscalizar cómo se usan esos fondos. No saben cómo ni en qué se gasta el dinero. Eso es una aberración jurídica y administrativa”, afirmó.
El dirigente explicó que el proceso de licitación fue convocado con apenas 32 días para la presentación de ofertas internacionales, un plazo que, según señaló, deja fuera a la competencia y favorece una sola tecnología. “Una obra de más de 500 millones de dólares no se licita en un mes. En cualquier país serio, un proceso de esa magnitud toma entre doce y veinticuatro meses. Aquí se ha hecho como si se tratara de un contrato menor, y eso viola los principios básicos de competencia y transparencia”, denunció.
Fernández advirtió que, bajo el actual esquema, “se está repitiendo el modelo de asignación discrecional de obras públicas que ya ha generado sospechas en otros proyectos”. Agregó que “el fideicomiso se está utilizando como escudo para ocultar información, fuera del alcance de la Cámara de Cuentas, del Congreso y de la ciudadanía”.
Una obra más cara y menos eficiente
El miembro de la Dirección Política de la Fuerza del Pueblo desmintió que el monorriel sea una opción más económica que el metro. Aseguró que, por el contrario, “es un sistema más costoso, menos eficiente y con menor capacidad de transporte”.
“El kilómetro del metro cuesta 70 millones de dólares, mientras que el del monorriel de Santiago, bajo este mismo gobierno, asciende a 80 millones. Es decir, diez millones más por kilómetro”, puntualizó.
Según explicó, la diferencia no solo radica en el costo de construcción, sino también en el de operación. “El monorriel se mueve sobre neumáticos, no sobre rieles de hierro, lo que implica un mantenimiento 15% o 20% más caro al año y una vida útil más corta. En Australia, un proyecto similar tuvo que demolerse a los 25 años porque ya no servía”, ejemplificó.
Un sistema que “nace colapsado”
El dirigente político también cuestionó la capacidad del monorriel para atender la demanda de transporte de la capital. “Este proyecto nacerá colapsado”, advirtió.
De acuerdo con sus cálculos, el sistema podría mover un máximo de 12,500 pasajeros por hora, cuando el mínimo necesario supera los 22,000. “Eso significa que desde el primer día estará en déficit. No es un sistema de transporte masivo. Es un transporte turístico, improvisado y caro”, sostuvo.
Fernández recordó que el plan maestro del Metro de Santo Domingo, presentado por la Oficina para el Reordenamiento del Transporte (OPRET) en 2004, contemplaba un trazado integral que conectaba Los Alcarrizos, Villa Mella, Jaina, la Zona Colonial y San Isidro a través de líneas soterradas.
“Si cada gobierno hubiese continuado con una línea de metro cada cuatro años, hoy tendríamos un sistema interconectado desde Boca Chica hasta San Cristóbal. En lugar de eso, hemos perdido 13 años de inversión y planificación, cambiando proyectos sólidos por inventos de último momento”, lamentó.
El dirigente explicó que esta sustitución de políticas técnicas por decisiones improvisadas “responde más a la necesidad de mostrar resultados electorales que a una estrategia real de movilidad”. “Un metro soterrado tarda en verse; un monorriel se ve rápido. Pero la política no puede estar por encima de la ingeniería”, sentenció.
Riesgos de seguridad y daños urbanos
Otro aspecto que preocupa al dirigente de la Fuerza del Pueblo es la seguridad. Fernández afirmó que el monorriel es “estructuralmente riesgoso”, pues opera a más de diez metros de altura y carece de rutas de evacuación en caso de emergencia.
“En un accidente, no hay escaleras ni salidas de emergencia. Lo que en un metro se resuelve con una evacuación ordenada, en un monorriel puede costar vidas. Los accidentes en este tipo de sistema suelen ser fatales”, advirtió, citando precedentes en ciudades como São Paulo y Disney.
Agregó que el impacto urbano también será severo, especialmente en zonas históricas. “Van a colocar columnas de hormigón frente al Palacio Nacional y al malecón. Eso no solo rompe la estética de la ciudad, sino que destruye su valor patrimonial”, señaló. “El tránsito debe planificarse, no improvisarse”.
Un modelo integral ausente
Fernández propuso retomar un modelo de transporte integral, articulado entre metro, trenes ligeros, la OMSA y rutas privadas, bajo una estructura intermodal. “Una gran ciudad no se maneja con parches. Hay que conectar sistemas, planificar por décadas y diseñar estaciones que funcionen como centros de movilidad, no como paradas aisladas”, explicó.
Su visión —dijo— incluye la creación de estaciones intermodales en puntos estratégicos como el puente Juan Carlos, la autopista Duarte y el Centro Olímpico, donde confluirían trenes, metro, autobuses y servicios de transporte privado. “Eso sí es movilidad moderna, sostenible y rentable”, puntualizó.
El dirigente defendió la experiencia acumulada del proyecto del metro iniciado bajo los gobiernos de Leonel Fernández, destacando su “funcionamiento probado y confiable durante dos décadas”. “El metro ha transportado más de un billón de pasajeros sin incidentes graves. No se puede sustituir un modelo exitoso por un experimento inseguro y más caro”, afirmó.
Una advertencia sobre el rumbo del país
César Fernández lamentó que la República Dominicana haya perdido más de una década en materia de movilidad urbana, tiempo que —aseguró— será difícil de recuperar.
“Hoy tenemos seis millones de vehículos circulando y el mismo sistema de transporte de hace diez años. Avanzamos en número de autos, pero retrocedimos en soluciones”, reflexionó.
El dirigente atribuyó la decisión del Gobierno a la improvisación política. “Esto no es un plan, es una campaña. Se construye lo visible, no lo necesario”, dijo. Y añadió con tono enfático:
“El monorriel no solo nacerá colapsado, sino que será recordado como una obra símbolo de la opacidad y del despilfarro. Un país que no planifica su movilidad, no planifica su futuro”.
