_Por Elías Wessin para PAX / Por una Mejor RD
Abogamos para que Estados Unidos retome, _reajuste y ejecute la “Ley de Comercio e Inversión de las Américas”, propuesta de manera bipartidista por los senadores Bill Cassidy y Michael Bennet, junto a los representantes María Elvira Salazar y Adriano Espaillat.
Ahora bien, también es cierto que Washington debe corregir su política hacia la región. No basta con advertir sobre China; hay que ofrecer una alternativa positiva y concreta.
En ese sentido, desde PAX consideramos estratégico que Estados Unidos retome, reajuste y ejecute la “Ley de Comercio e Inversión de las Américas”, propuesta de manera bipartidista por los senadores Bill Cassidy y Michael Bennet, junto a los representantes María Elvira Salazar y Adriano Espaillat.
Esta iniciativa apunta exactamente en la dirección correcta: relocalizar cadenas de suministro en el hemisferio, fortalecer el comercio regional, atraer inversión productiva, modernizar infraestructura estratégica y generar empleos en países aliados. Para la República Dominicana, esto no es teoría, es una oportunidad concreta.
Nuestro país reúne condiciones ideales para beneficiarse de esa ley hemisférica:
Ubicación geoestratégica en el Caribe.
Estabilidad macroeconómica.
Experiencia exitosa en zonas francas.
Mano de obra competitiva.
Tratado de Libre Comercio con EE. UU. (DR-CAFTA).
Cercanía logística con el mayor mercado del mundo.
Una Ley de Comercio e Inversión de las Américas bien ejecutada permitiría a la República Dominicana subir en la cadena de valor, atraer manufactura avanzada, fortalecer su sector industrial, consolidar su rol logístico regional y reducir vulnerabilidades externas, todo dentro de un marco de reglas claras y respeto institucional.
Desde la visión demócrata y cristiana del PQDC, el desarrollo no es solo crecimiento económico. Es trabajo digno, fortalecimiento de la familia, educación, orden social y bien común. Ninguno de esos objetivos se ve reforzado por modelos autoritarios que subordinan la sociedad al Estado. Sí se fortalecen, en cambio, en sistemas abiertos donde la economía sirve a la persona y no al revés.
La República Dominicana no necesita elegir entre China o Estados Unidos como si fueran opciones equivalentes. No lo son. Puede comerciar con China, sí. Pero su alianza estratégica, su anclaje institucional y su horizonte de desarrollo deben seguir vinculados a Estados Unidos y al mundo occidental.
En el nuevo orden global, la neutralidad ingenua no protege a los países pequeños; los expone.
No todos los socios respetan las mismas reglas.
No todos los modelos conducen a la libertad.
Para la República Dominicana, apostar por una relación renovada, exigente y estratégica con Estados Unidos (apoyada en instrumentos como la Ley de Comercio e Inversión de las Américas) no es sumisión, es realismo político, defensa del interés nacional y coherencia civilizatoria.
Porque al final, como bien enseña la historia, las naciones no solo se definen por, con quién comercian, sino por los valores que deciden preservar mientras prosperan.
