Entre Estados Unidos y China: la opción racional para la República Dominicana (I de II)


Entre Estados Unidos y China: la opción racional para la República Dominicana (I de II)

_Por Elías Wessin para PAX / Por una Mejor RD

Abogamos para que Estados Unidos retome, reajuste y ejecute la “Ley de Comercio e Inversión de las Américas”, propuesta de manera bipartidista por los senadores Bill Cassidy y Michael Bennet, junto a los representantes María Elvira Salazar y Adriano Espaillat.

Durante más de un siglo, América Latina y el Caribe han convivido con la influencia determinante de Estados Unidos.

En ese trayecto hubo errores, excesos y asimetrías reales. Pero también hubo algo fundamental: inserción en el mundo occidental, acceso a mercados, movilidad humana, inversión, democracia representativa y un horizonte civilizatorio compartido.

Hoy, ese marco es desafiado por el avance estratégico de China en la región. Para algunos, esto representa una oportunidad de “emancipación”.

Para PAX, el análisis debe ser más serio, más frío y, sobre todo, más responsable con el interés nacional dominicano.

China no llega a América Latina con un proyecto ideológico, pero tampoco con un proyecto de libertad. Llega con una estrategia de poder. Su relación con la región es estrictamente transaccional, centrada en asegurar recursos, ampliar mercados, posicionar su moneda y ganar influencia política. Nada de eso es ilegítimo. Lo que sí sería ingenuo es confundir esa lógica con una alianza estratégica de valores.

La República Dominicana no es una hoja en blanco en el tablero internacional. Es una nación que, con todas sus limitaciones, ha construido su crecimiento sobre pilares claros: economía de mercado, apertura comercial, inversión extranjera, estabilidad macroeconómica, vínculo privilegiado con Estados Unidos y pertenencia inequívoca al mundo occidental.

Ese anclaje explica, en buena medida, por qué hoy somos una de las economías con mejores perspectivas del Caribe.

Desde el enfoque de PAX, la soberanía no consiste en romper relaciones con Occidente para sustituirlas por vínculos opacos con potencias autoritarias. La soberanía real se construye con instituciones fuertes, reglas claras, orden democrático y alianzas coherentes con nuestra identidad civilizatoria.

China puede (y debe) ser un socio comercial. Nadie propone aislarse. Pero convertirla en eje estratégico sería un error histórico.

Los swaps en yuanes, los bonos panda o las inversiones en infraestructura pueden ofrecer alivios puntuales, pero no fortalecen el Estado de derecho, no consolidan la institucionalidad ni garantizan libertades. La experiencia internacional demuestra que, cuando surgen tensiones, China no duda en usar la economía como herramienta de presión política.

Estados Unidos, por el contrario, sigue siendo el principal socio estructural de la República Dominicana: comercio, inversión, turismo, remesas, zonas francas, seguridad, cooperación y diáspora. Millones de dominicanos viven y prosperan en EE. UU. Ese entramado humano, económico y cultural no existe con China, ni puede improvisarse.