«Irracionalidad racional» y otros temas electorales



Isidro Toro Pampols

«Irracionalidad racional» e «ignorancia racional» son conceptos de la economía, psicología social y de otros saberes que tienen aplicación en el tema electoral.

El concepto conocido como «irracionalidad racional» fue popularizado por el economista Bryan Caplan en 2001 para ajustar el comportamiento irracional con el supuesto de racionalidad. En términos electorales Caplan plantea que las malas políticas pueden ser elegidas por los votantes mismos. Esto ocurre cuando el elector considera que mantener sus creencias erróneas no le causará perjuicio e incluso le resulta placentero o gratificante, o sea, piensa que no tiene consecuencias negativas o graves para el individuo.

Su accionar se basa en una «racionalidad instrumental», la cual implica escoger la forma más efectiva para lograr los objetivos propios, sobre la base de opiniones o creencias que no están sustentadas en análisis de conocimiento estando propenso a razonamientos falaces.

En termino general son muchas las personas que toman decisiones electorales sin tener plena consciencia de las consecuencias. En política, en ocasiones, se manipula con argumentos nacionalistas que glorifican la satisfacción emocional de «defender al país» y el elector los apoya sin estudiar con detenimiento el tema, sin analizar datos y evaluar alternativas.

Otro argumento que activa la «irracionalidad racional» buscando apoyar candidaturas es publicitar la idea de crisis, que la «situación» está peor, aunque realmente los indicadores de gestión no avalen el planteamiento. Hay votantes que son felices acompañando a individuos que todo lo ven en constante caos e incluso apoyan planteamientos que a la larga pueden resultar perjudicial para la sociedad, ellos incluidos.

En Hispanoamérica tenemos ejemplos de «redentores sociales» que han cabalgado sobre la «irracionalidad racional» de muchos electores que han resultado un total fracaso.

La lealtad a un partido cuando la agrupación pierde su marco natural programático e incursiona en senderos no reconocibles es un comportamiento «irracional racional» pero el elector, por fidelidad a la «marca», sigue votando por esa organización incluso sin ser militante de esta.

Hay «irracionalidad racional» cuando el individuo confía en los beneficios de la intervención estatal directa aunque recurrentemente esta ha sido deficiente. En ocasiones se opone a mecanismos de servicios descentralizados, privados o público-privado porque la propaganda tradicional los ha tachado de enriquecer a grupos a costa del «pueblo».
La «irracionalidad racional» es diferente a la «ignorancia racional». Esta es la decisión deliberada de ser ignorante.

El elector calcula que informarse no cambiará la decisión o no compensa el tiempo invertido.

La «ignorancia racional» involucra ausencia de información, mientras que la «irracionalidad racional» implica tener información, pero decidir creer lo contrario.

Ambas teorías ofrecen una propuesta del porqué muchos votantes actúan de manera que en ocasiones resulta absurda, incluso laceran la democracia pero, en definitiva, el universo de las emociones humanas es extraño y los psicólogos sociales, así como los analistas del mercado electoral, conocen esta realidad y algunos son maestros en manejar la comunicación política, manipular a las personas y lograr resultados para beneficios de sus clientes, aunque no para la sociedad.

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