Por Charlie Núñez
Como los ciudadanos de todo el mundo, en República Dominicana hay ladrones, drogadictos, borrachones, prostitutas, comunistas, derechistas, profesionales, trabajadores, artistas, deportistas, jovenes, viejos, religiosos…, en fin, hay de todo, pero existe algo que nos diferencia de una gran parte de la humanidad: somos apasionados con nuestra dominicanldad.
Y no es para menos, en 48 mil kilómetros cuadrados y algo más de 11 millones de ciudadanos, competimos de tú a tú con cualquier país del mundo en lo que sea, menos en armamento, pues somos un pueblo de paz.
A eso agregamos, tener el más hermoso himno, la más bella bandera, la mejor música, la más sabrosa comida, belleza natural inigualable y las derrotas momentáneas no nos amilanan.
Cuando el dominicano echa mano a su pasión para decir sí, es sí, y si dijo no, es no. Tenemos sangre taína, sangre de Duarte, Sánchez y Mella, de Luperón y Caamaño, para que entiendan por qué siendo un país pequeño imponemos respeto en el beisbol de las Grandes Ligas.
Cuando nos quieren cuestionar se le responde como lo hizo Delín Betances antes reporteros norteamericanos que insistían en por qué se decidió a jugar por Dominicana en el Clásico Mundial de 2017, habiendo nacido en los Estados Unidos: “Los dominicanos nacemos donde nos da la gana”. La dominicanldad se respeta y punto, eso se lleva en nuestra sangre.
Lo expresado anteriormente se debe a la actitud asumida por José Ramírez, excelente tercera base del deporte que más apasiona al dominicano, de no participar con el equipo nuestro porque en su posición es el mejor y no va a compartir esa posición con nadie.
Para el béisbol, José Ramírez es el mejor y Manny Machado es el mejor, pero para los dominicanos el mejor es el que se enfunda ese uniforme que dice “Dominicana” sin poner condiciones, solo por amor a nuestra enseña tricolor.
El dominicano es un fanático apasionado, se mata con cualquiera por un artista o un deportista que adora, sería capaz de pararse sin ropa en la franja de Gaza o en medio de un fuego cruzado entre Rusia y Ucrania, pero si perdiste su aprecio es capaz de verte en medio del mar y pasar en un bote y ni mirarte.
Manny Machado se ha ganado con creces el favor del cariño de los dominicanos. No nació aquí, pero porque “los dominicanos nacemos donde nos da la gana”, tiene depositado en el corazón de sus compatriotas cariño para toda la vida.
Los Norteamericanos son más que los dominicanos, pero para amar a sus héroes toman una calculadora, suman, restan, dividen y multiplican, cuando no da ahí se termina el cariño.
La participación o no en el mundial es una decisión de José Ramírez, el darle cariño o no a él, depende de la satisfacción que sientan los dominicanos por su actitud con la Patria.
