Venezuela y las 4 D 3/3



Por Rafael Céspedes Morillo

“Trump quiere el petróleo de Venezuela; es por eso por lo que está haciendo todo lo que hace. Ese es su único interés, dada la importancia de este producto a nivel del mundo actual”. Eso es lo que leo y escucho; para mí no es más que una pieza del ajedrez que con tanta calidad está jugando el gobierno de los Estados Unidos.

Veamos por qué creo que eso es un simple entretenimiento para que se entretengan con esos comentarios y se pierdan del real objetivo. Los Estados Unidos, para manejar y tener a su total disposición el petróleo venezolano, solo tenía que dar permiso a las grandes petroleras norteamericanas para que se instalaran en Venezuela y punto: el petróleo venezolano sería de los Estados Unidos.

De hecho, el mismo Maduro, en más de una oportunidad dijo públicamente que estaba abierto a negociar con los Estados Unidos para que las petroleras se instalaran en su país.

Pero la realidad es que Trump quiere algo más que el petróleo. Trump busca el territorio. Trump busca desplazar a China y a otros países que estaban incidiendo en Venezuela de modo hegemónico. Trump quiere desplazar a China de todos los países donde calladamente estaban instalados. ¿Acaso nos olvidamos del caso Panamá?

Al juramentarse, una de las primeras declaraciones de Trump fue: “Vamos a recuperar lo nuestro en Panamá; los chinos tienen que salir de allí”. Y apenas semanas después de instalarse, el secretario de Estado Marco Rubio, realizó un periplo que comenzó en Panamá; permaneció varios días allí en comisión, y el tema del Canal y los chinos fue resuelto. El gobierno panameño cedió a las peticiones del gobierno de Trump.

¿Quién duda de que Venezuela era un archipiélago de dirección, en donde los cubanos tenían tanta incidencia que eran el anillo principal de seguridad de Maduro? Algunos hasta dicen que, más que seguridad, era el anillo de garantía de que este no se escapara y dejara sin efecto los compromisos que el gobierno cubano —herencia del presidente Chávez y del mismo Maduro— había asumido. Porque Maduro, debe recalcarse esto, no fue electo como sucesor de Chávez por Chávez; fue una petición especial del propio Fidel a Chávez, una vez se determinó que las posibilidades de vida de Chávez eran cero.

Había que decidir en quién se dejaría el mando. Diosdado, entonces vicepresidente, no tenía ni tiene una posición procubana; por ende, quedaba descartado, mientras que Maduro sí la tenía. Es por eso por lo que el entonces canciller, Nicolás Maduro, se convierte en el heredero de Chávez.

Observen la fílmica donde Chávez hace el anuncio: cuando señala a Maduro como su sucesor, a quien mira es a Diosdado, que estaba a su derecha; presencia que aparentemente no tiene explicación o necesidad, pero hacia lo interno de Venezuela, en especial hacia el sector militar, era necesario que Diosdado estuviera para dejar claro el mensaje de que en ese sector las cosas no cambiarían.

Pero retomando el tema central de este escrito, llamo la atención para ver con mayor profundidad las acciones de Trump, no solo en el caso de Venezuela. Veamos de nuevo a Panamá; veamos las amenazas de los aranceles. Todo eso procura decirles a los que desde la distancia se están queriendo adueñar de la zona americana que ya eso no será posible, que lo nuestro seguirá siendo nuestro: América para los americanos.

Hay muchos “comunistas” atacando la acción de las fuerzas en Venezuela para extraer a Maduro, porque defienden a sus “iguales”, aunque estén equivocados; defender a los amigos es de amigos, pero debemos asumir que, haciendo lo correcto, a los que hacen lo incorrecto debemos llamarles la atención y no darles apoyo.

¿Quién tiene más fuerza moral para actuar: el “violar” la independencia de los pueblos o defender el derecho a vivir de los pueblos? Me inclino por lo segundo. Ninguna fuerza debe estar por encima de la fuerza de un pueblo a vivir en democracia y libertad. No tengo duda: viene por ahí la nueva Venezuela.

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