El tejido institucional, económico y social, y sus intersticios: ¿Memoria corta o rota?



Por Cándido Mercedes

“La ausencia de cobertura social representa una de las primeras causas de la desigualdad y de la pérdida de movilidad social”. (Paul Krugman).

La imaginabilidad nos lleva a explicitar que la vida pública, hoy más que nunca, precisa de que los actores hacedores de opinión asuman actitudes más consecuentes, en el plano de la visibilidad de las exposiciones, con mayores niveles de validez, de confiabilidad, de pertinencia, de objetividad, en el amplio espectro de la honradez y la sinceridad.

En la economía digital y, por consiguiente, en la sociedad digital, con las caracterizaciones de las plataformas, allí donde la realidad virtual tiende a reflejarse en la realidad real, la verdad ocultada hay que auscultarla en un proceso de develamiento y decantación, sin desconocer que en gran medida la política determina el poder, quien lo tiene y como su medición, en última instancia, están derivadas de ella.

Dejar atrás la memoria rota o corta, como soporte cultural reactiva y de defensa pueril ante la realidad, la evidencia empírica requiere de nuevos actores políticos que enarbolen la honestidad al escudriñar la realidad.

Tenemos desde ya que reimaginarnos el corpus económico, social e institucional que nos siga validando en el concierto del puerto de entrada y de salida de los pueblos. Esta vez, con una parada de reflexividad: asumir la responsabilidad que el desafío histórico nos plantea, que se sintetiza en:

1) Seguir trillando el camino por un mayor y mejor fortalecimiento institucional. Seguimos teniendo instituciones, empero, no institucionalidad. La institucionalidad es el grado de aplicación de las normas establecidas en el campo de las instituciones ya pautadas.

Las instituciones tienen sus reglas y límites. La institucionalidad es no desconocer, no inobservar lo determinado. Un Estado es fuerte cuando sus regulaciones, controles y rendiciones se llevan a cabo de manera predecible. Cuando sabemos cómo actuará un funcionario en una institución determinada, frente a un problema dado, que personaliza su decisión sin que esta se encuentre en el marco normativo, nos encontramos en la imprevisibilidad de la impersonalidad.

Digamos que, cuando los dominicanos señalaban que Balaguer era “impredecible”, que no sabíamos cómo iba a actuar, como sería la salida que tomaría frente a una coyuntura determinada, en gran medida, era porque se consideraba por encima de la Constitución y, por consiguiente, el Estado era él, aun cuando teníamos los estamentos de los tres poderes del estado: Legislativo, Poder Judicial y Poder Ejecutivo.
Había una fuerte anomia institucional.

Hoy, ha disminuido según los Indicadores de Gobernanza del Banco Mundial. El gran reto, de las generaciones que hoy tienen entre 30 – 60 años, es como empujar ese eje transversal que lo toca todo, para bien o para mal. El desarrollo institucional lo penetra todo, lo canaliza todo, como un puente que viabiliza:

a) La seguridad jurídica.
b) La transparencia.
c) La rendición de cuentas.
d) La efectividad gubernamental.
e) La capacidad de control y regulación del Estado.
f) La confianza.
g) La disminución de los conflictos, en toda su variedad y dimensiones.
h) Disminuir la desigualdad.

  1. Se redimensionan los colectivos, que es como decirles a los empresarios “El objetivo no es penalizar a la gente rica, consiste solamente en hacerles pagar su parte del financiamiento de las políticas públicas que el resto de la población necesita”.
  2. Los políticos que han dirigido el Estado dominicano desde el año 2000, han sido irresponsables con la problemática de la deuda. Toman prestado en el presente, ahogando a los sectores más pobres y vulnerables en la actualidad y comprometiendo a las generaciones futuras. Según el economista Nelson Suarez, del 2012 al 2025 pagamos un servicio de la deuda de US$80,196.9 millones de dólares.

Más del 35% de los US$80,196.9 fueron para pagar INTERESES y para pago a acreedores internos, esto es, sistema financiero local: US$39,000 millones de dólares, en el referido interregno (14 años). Añade el conocido economista que del 2012 al 2025 recibimos un monto de US$96,149.9. Deriva él “Si relacionamos el total de las erogaciones por el servicio de la deuda con los desembolsos de préstamos, se puede observar que por cada 1.20 dólares recibidos de financiamiento, el gobierno ha pagado 1.00 dólar de capital, intereses y comisiones”.

  1. La movilidad social, en nuestra sociedad, es muy pírrica. Se ha venido reduciendo la movilidad social intergeneracional en los últimos 15 años. Aunque el empleo ha crecido, el 67% son empleos carentes de calidad. Somos un país donde el salario promedio cotizable se encuentra en RD$34,000.

Nos encontramos ante las trampas del desarrollo, como lo estableció la CEPAL en el 2024 “América Latina y el Caribe enfrentan tres trampas del desarrollo: Una trampa de baja capacidad para crecer, una de alta desigualdad, baja movilidad social y débil cohesión social, y una tercera de bajas capacidades institucionales y débil gobernanza”.

De lo que se trata, haciendo un alto en el camino, sobre todo, las elites, es de caminar con nuevos ojos, que apunte a trabajar por más desarrollo humano, por más desarrollo social, que significa más inclusión social, mejor justicia retributiva.

República Dominicana no cumplió con la agenda de los Objetivos del Desarrollo del Milenio, 2000-2015, y todo luce indicar que no cumplirá con la agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, 2015- 2030. La CEPAL plantea a los países de la región, en su Panorama social 2025, diez propuestas para un pacto para el desarrollo inclusivo. Ellos son:

1) Erradicación de la pobreza y el hambre.
2) Reducción de la desigualdad.
3) Ampliación de los sistemas de protección social universal, integral, sostenible y resiliente.
4) Promoción de la protección social digital frente a la transformación digital.
5) Reducción de la desigualdad de género y promoción de los sistemas de cuidado.
6) Fortalecimiento de la inclusión laboral en un contexto de transformación productiva.
7) Inversión en educación: instrumento de la movilidad de los jóvenes.
8) Transformación de los sistemas de salud: avanzar hacia la salud universal.
9) Fortalecimiento de los sistemas de pensiones, frente al acelerado envejecimiento poblacional.
10) Movilización de recursos y cooperación multilateral: sostenibilidad financiera del desarrollo social inclusivo.

Los indicadores del futuro no serán aquellos que hoy se constituyen en burbujas (pobreza monetaria, deuda con respecto al PIB, informalidad laboral de 54.2%), sino aquellos que propicien mayor y mejor equidad, menos desigualdad, más apalancamiento del capital humano como fuente de competitividad y productividad, como epicentro verdadero del catalizador del cambio.

Una ética donde la memoria rota o corta, no quede truncada en el tiempo. ¡Que el talento y el liderazgo sean la genuina expresión de lo que llevamos dentro como tierra fértil de una conciencia colectiva!

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