Expectativas crecientes, trampa de ingreso medio y tramo social



Por Cándido Mercedes

“Cambiar es una acción que necesita tu impulso, tu decisión y también, tu inteligencia”. (Marco Aurelio).

Alguien dijo una vez “La calidad comienza en el interior y encuentra el camino hacia afuera”. Una frase lapidaria que muy pocos la viven en su vida cotidiana. Siendo seres racionales, los humanos cuando se trata de intereses, sobre todo, los que tienen que ver con sus condiciones materiales de existencia, esto es, su calidad de vida, su nivel de vida, su bienestar, su escalón en la escala social, operan con mayor sesgo y toman decisiones inapelables, orquestando en la esfera emocional, pues en la mayoría de los casos no toman en cuenta ni contexto ni nuevas realidades.

La solidez de los argumentos no penetra en una parte de los seres humanos, cuando sienten que el alcance de su existencia va a disminuir. Se bloquean y no validan justificaciones por más objetivas, válidas, confiables y pertinentes que sean. Parecería que “disminuir” no es negociable: solo alumbra su radar cuando la vida misma está en peligro o cuando la pérdida de la libertad se está perdiendo.

Es la expectativa creciente que nos explica como una persona que ayer no tenía aire acondicionado, nunca en su vida, dos semanas después de dormir con él se le ausenta el acondicionador y este no duerme por la falta del acondicionador o una persona que durante sus primeros 30 años nunca desayunó por la precariedad económica en que vivió. Un año de su nueva” vida descubre que ya no puede durar un segundo sin el desayuno. Es el nuevo umbral de su existencia. El nuevo descubrimiento de su dimensión social, ya no resiste un día sin la “la primera comida”.

La expectativa es el mayor fragor del optimismo, de la posibilidad de conseguir algo siempre mejor y mayor que lo que tenemos. El ser humano una vez logra la perspectiva, probabilidad de alcanzar algo, se eleva en su dimensión y simbología social. Entra en esa nueva fase de transición en una guerra interior ante el evento de volver atrás. Se vuelve revolucionario y reaccionario al mismo tiempo. Se conecta con la violencia simbólica y la ideología del odio y el desprecio.

Es así, de cómo el que te ayudó a ascender económica y socialmente es su guía, y tiempo después frente a una nueva situación de deterioro económico-social que le afecta el nuevo escalón social conquistado, es “su enemigo”. La gratitud, como valor individual, es posible que no se pierda, empero, la gratitud como espacio colectivo, social, se vuelve agreste y tozudo cuando aparece una nueva vida menos cómoda.

Las expectativas crecientes son los alcances que una sociedad o una comunidad pueden haber logrado en un momento determinado, en una coyuntura determinada. Logros tangibles que potencializan y jerarquizan socialmente a esas personas en la pirámide social.

Esas expectativas, ya logradas, pasan a ser, a constituir parte vital de la cotidianidad. Cuando esas cristalizaciones, concretizaciones pasan a una nueva reconfiguración y se ven amenazadas, se forja el síndrome de las expectativas decrecientes, que trae frustración, ansiedad, angustia y estrés.

Tanto en las expectativas crecientes como decrecientes, no se conexionan con la frase de Scott W. Ventrella, quien dijo una vez “Los ganadores le sacan el máximo de provecho a los desafíos, evalúan la realidad, los enfrentan y actúan”. El síndrome de las expectativas decreciente no es similar al síndrome de Burnout o síndrome del desgaste profesional, o síndrome del quemado.

Este último, es más de naturaleza psicológica, individual.

Por la realidad material (económica) de una sociedad, las expectativas decrecientes o el Efecto Pigmalión negativo, deriva en lo que conocemos más tarde como la trampa del ingreso medio. ¿A qué se llama trampa del ingreso medio y que hacer para superarlo? Es el proceso mediante el cual un país logra superar significativamente la pobreza y hasta la vulnerabilidad, logrando pautarse como un país de ingreso medio, empero, no supera la expectativa de ingresos altos.

La trampa de la renta media, en países como la República Dominicana, es como un vaivén y no logra situarse en los ingresos altos, pues no realiza las reformas estructurales que hay que hacer. República Dominicana, en menos de 22 años, pasamos de un país de ingreso bajo (US$2,000; US$3,000; US$4,000;) a un país que en el 2012 ya contaba con un ingreso per cápita de US$6,2000 dólares, en el 2020 de US$7,800 y, en el 2025, de US$11,611 dólares. ¿Qué se necesita para que nosotros como país saltemos del umbral de ingreso medio a uno de ingreso alto? Veamos:

  1. Lo primero que resalta es el desarrollo institucional. Hacer más énfasis en el combate a la corrupción y cero tolerancia a la impunidad.
  2. Reformas estructurales que atraviesen por una Reforma Fiscal Integral y la discusión de comenzar a perfilar un nuevo modelo económico.
  3. Mayor inversión en salud.
  4. La educación y el capital humano. Actualmente tenemos la mano de obra intensiva, allí donde la productividad y la competitividad descansa mayormente en la tecnología.
  5. La creatividad y la innovación como soporte medular de la competitividad.
  6. Cambiar radicalmente el Sistema de Partidos Políticos, basados en el clientelismo, la corrupción, la poca democracia interna, la poca circulación de la elite política en los partidos. La partitocracia actual no puede responder a los nuevos desafíos que el mundo nos plantea con esa modorra de cultura política.
  7. Hacer una revolución en la burocracia del Estado, donde exista la meritocracia y el despojo político no tenga espacio ni sentido.
  8. Diversificar la economía a mayor escala.
  9. Mayor amplitud con otras economías.
  10. Repensar las carreras universitarias tradicionales (contabilidad, administración, mercadeo, derecho, etc. etc.).
    Cabe destacar que el ingreso per cápita es un promedio y como tal nos guía, nos pauta acerca del grado de desarrollo de las fuerzas productivas. Vale decir, nos orienta, nos perfila por donde anda una sociedad, no obstante, no nos dice el contenido esencial, la realidad en su verdadera dimensión. Verbigracia: República Dominicana tiene un ingreso per cápita de US$11,611 dólares, sin embargo, entre un 60-65% de la población no alcanza ese promedio.

Tanto las expectativas crecientes como la trampa de ingreso medio, están determinadas por la calidad de los actores políticos, el empuje de la clase empresarial y el contexto internacional, de cómo gravita para bien o para mal. En función de ellos podemos verificar perspectivas más halagüeñas y, por tanto, más ingresos y, cuando hay una acción más deliberada, nos encontramos con menos pobreza, menos desigualdad y menos homicidios. Veamos los últimos tres presidentes en los renglones de pobreza, desigualdad, corrupción y homicidios:

Presidente

Pobreza

Desigualdad

Corrupción

Ingreso per cápita

Homicidios

Leonel Fernández

39 0

48

32/100

US$6,200

24.7

Danilo Medina

23 0

41

28/100

US$7,800

11

Luis Abinader

17 0

37

37/100

US$11,611

8.7

La República Dominicana, en su tramo social-institucional, más allá de seis choques externos, ha mejorado los indicadores económicos, sociales e institucionales de manera sistemática y sostenida. En el tamaño del crecimiento de la economía nos encontramos que Leonel encontró US$23,000 millones de dólares. La dejó en US$60,000, para un crecimiento de US$37,000 millones de dólares. Danilo Medina la encontró en US$60,000 y la dejó en US$78,800 millones de dólares, esto es, en ocho años, US$18,000 millones más. Luis Abinader la encontró en US$78,800 y para final del año 2025 el crecimiento de la economía iba por US$130,000 millones de dólares. Esto es, US$51,200 millones de dólares más en cinco años. Según el Banco Central tenemos un desempleo abierto de 4.9 y un desempleo ampliado de menos de dos dígitos (9) y un total de 5,149,500 empleos, entre formales e informales.

Según Insight Crime la tasa de homicidios se encuentra en 8.7, siendo de los 33 países de la región de los únicos cinco países con la tasa de un solo dígito, de las más bajas. Veamos:

1) República dominicana 8.7/100,000.
2) Chile 5.
3) Paraguay 4.
4) Argentina 3.
5) El Salvador 1.

Fuente: Insight Crime

En Dominicana, al mismo tiempo, la tasa de victimización ha disminuido ostensiblemente. Entre un 85 y un 90 de cada 100 entrevistados señala que en los últimos seis meses no han sido objeto de atracos, asaltos, robos, ya sea la propia persona entrevistada, un familiar o un vecino. La nación dominicana forma parte de tres países que de manera sostenida han bajado los homicidios y la tasa de victimización. Es posible la hipótesis de que cómo pobreza, corrupción y desigualdad han disminuido, como corolario lo hayan hecho también los homicidios y la victimización. Los Ni Ni o Sin Sin, han disminuido, lo que puede ser otra hipótesis válida. En el 2019 el indicador de esta dimensión social se encontraba en 22, hoy está en 17. Los embarazos en niñas y adolescentes disminuyeron cuasi geométricamente en el 2025.

De los cinco países de América Latina con la tasa de feminicidios más altas están: Honduras (4.3), Guatemala (1.9), Rep. Dom. (1.5), Puerto Rico (1.4), Bolivia (1.4). De los 25 países con la tasa más altas de feminicidios del mundo, 14 están en América Latina y el Caribe. Esto es el 56 por ciento

El 20 de octubre del 2014 el Banco Mundial publicó un enjundioso estudio denominado: “Cuando la prosperidad no es compartida: Los vínculos débiles entre el crecimiento y la equidad social”. Realmente en los años 2005, 2006, 2009, 2011 y 2012 la desigualdad social se encontraba en 0.50, 0.52, 0.48, 0.51, 0.48. La clasificación de la desigualdad es:

1) 0.29… Desigualdad baja.
2) 0.3… Desigualdad moderada.
3) 0.4… Desigualdad cercana peligrosamente alta.
4) 0.5… Desigualdad alta.
5) 0.6… Desigualdad extremadamente alta.
La desigualdad global se encuentra en 0.61. La de la región latinoamericana y del caribe entre 0.45 a 0.52. La de nuestro país se encuentra en 0.37, la más baja de toda la región en este instante, en este momento. Mientras más alta es la desigualdad mayor es la concentración de la riqueza.

¿Qué explica que creciendo el tamaño de la economía en el interregno 2005 al 2012, la pobreza y la desigualdad fueran tan altas? La mala distribución de la riqueza y la mega corrupción.

Esos números son resultados elocuentes de lo que es y ha sido la realidad dominicana. Son indicadores económicos, sociales. No criticas ríspidas, tóxicas. Críticas destempladas que no parecen de actores políticos que fueron presidentes de la república. Solo hay que ver el discurso del actual presidente el domingo 22 de marzo y la respuesta instantánea, de uno tres veces jefe del Poder Ejecutivo.

Luis Abinader, de un origen empresarial, rico, quien declaró más de R$4,000 millones de pesos, en el ejercicio del poder ha sido más decente, más ético, más transparente, más institucional que sus predecesores. En los indicadores de gobernabilidad del Banco Mundial: voz y rendición de cuentas, capacidad regulatoria del estado, ausencia de violencia y terrorismo, efectividad gubernamental y control de la corrupción, ha dejado hasta hoy huellas, improntas más imperecederas que los anteriores. Era y sigue siendo el gran desafío de la sociedad dominicana. Un legado que ya es historia.

Los matices de hoy arropan todo el pasado reciente. La memoria rota o corta nos quiere hacer borrar las atrocidades institucionales y la anomia institucional en que nos encontrábamos, con una cleptocracia despiadada, bestial y sin límites ni ataduras, porque desde arriba eran parte del problema.

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