Miedo, temor, duda y fuerza en la encrucijada articulada contemporánea

Por Cándido Mercedes

“En los tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”. (George Orwell).

Nos encontramos en uno de los dos cansancios de Byung-Chul Han: el cansancio de agotamiento que nos incapacita. Pero, dado que en gran medida somos génesis de la naturaleza binaria, nos conforta, como antípoda, el cansancio fundamental, que es al final de cuentas el que nos inspira. Aquel que recrea la historia y al hacerlo posiciona a cada quien en su lugar.

El protagonismo se ejerce en dos planos y al mismo tiempo en dos mapas con sus respectivos territorios. Con el presente, dado la naturaleza del poder, podemos apabullar, anular y destrozar a todos aquellos que se oponen a mis intereses, a mi ideología, a las fuerzas sociales que interpreto, a mis valores y al campo de justicia que trillamos. En esta época de cambio y de cambio epocal nos encontramos en una transición múltiple, lo cual complejiza la naturaleza esencial de la existencia humana.

Estamos en el desafío, que es pavor, que es cuasi espanto, de:

1) Una nueva elite en el poder económico que ha dado los pasos al dominio del espacio político con entera visibilidad. La tecnocracia sintetiza el poder de la hegemonía de la tecnología concomitantemente, cubriendo la esfera económica y el plano político, con “auténtica” recreación y dominio del campo social.
2) El cambio climático, con todo lo que ello implica para el ser humano, poder adaptarse y la disrupción que causa en el ámbito ambiental y social. El cambio climático que genera los gases de efecto invernadero, está llevando al planeta tierra a lo que Al Gore denominó el calentamiento global. Sus efectos ya empiezan a ser devastadores.
3) Hace alrededor de 30-35 años cerca de un 80% de los países andaban por el ritmo de la democracia. El autoritarismo y la autocracia constituían la excepción. La democracia, con sus valores, con los tres poderes enarbolados, sintetizaban la cristalización en el plano de la praxis política, de la cultura del diálogo, de la necesidad del peso y contrapeso de los poderes, del predominio del peso institucional, por encima de los actores políticos, económicos, sociales, particulares e individuales.
4) Nos encontramos frente a una crisis geopolítica, geoeconómica, que ha derivado en una configuración geoestratégica. Todo este proceso de cambios, de mutaciones y transformaciones ha tenido el dominio de la fuerza, mayormente por el poder norteamericano. Ellos, para el dominio de la fuerza, propician el desconocimiento de los organismos multilaterales que desde 1945 validaron las reglas del juego internacional. Las Naciones Unidas ha sido desconocida como nunca antes. Estados Unidos, que emergió como la primera potencia mundial a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, hoy está en declive, aunque sigue prevaleciendo en los tres poderes:

a) Poder económico.
b) Poder militar.
c) Poder cultural o el poder blando.
En los años 60-70 del Siglo XX, los Estados Unidos representaban el 60% del PIB mundial. Hoy solo llegan al 25%. Hasta hace 20- 25 años las transacciones comerciales, en casi un 90% era con dólares norteamericanos. Hoy, abarca entre un 50-60%. Con la guerra instalada por Israel y Estados Unidos en Irán, la maquinaria de los petrodólares comenzará a repensarse. ¡La estabilidad y seguridad, acuerdos de los países árabes con Norteamérica, se resquebraja!

De ser el país líder en el liberalismo y en “las reglas” de la democracia, el populismo de ultraderecha, encabezado por Donald Trump, con su psicología personal, ha llevado a esa gran nación a una gran fragmentación y polarización de la sociedad y de las elites.

Ese populismo ancestro visceralmente ha inoculado todo el tejido institucional y social. Un verdadero trastrocamiento ha diezmado al norte, revuelto y brutal.
La productividad, la competitividad, no pueden erigirse en el proteccionismo y en una guerra de aranceles que violan las normativas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que pesará, finalmente, en los hombros del pueblo de Abraham Lincoln y George Washington. Un desconcierto con los países, con las relaciones y las formas de abordarlos, un desconocimiento de la cultura confuciana, una desindustrialización que desarticularía a la clase media del país de John Adams y John F. Kennedy. Un sistema educativo muy rezagado con respecto a los demás países desarrollados.

Una visión pérfida con crear una inmensa masa amorfa, ignara e ignota ha llevado a tener un capital humano que no responde a la Era de la Economía Digital a gran escala. Tienen una pequeña minoría bien dotada académicamente, empero, un gran sillón y una televisión de frente como espacio principal para ocupar el ocio. La desesperación en quienes tienen el poder y no auscultan el verdadero problema de su crisis, en todos los ámbitos y dimensiones, conduce al uso de la fuerza como único instrumento de dominación.

El conocimiento, la razón y el aprendizaje se pierden y en consecuencia, dejan de tener legitimidad. Ya no reivindican “razones” de democracia, derechos humanos, libertad, justicia.

Entran, penetran, con el peso del miedo, del espanto, del terror, del horror, de la duda y de la fuerza. Acusan su protagonismo esencial para generar más incertidumbre, más desconcierto y desconfianza. No tienen ni por asomo el valor y sentido de la historia, que como muy bien decía José Martí “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”. El mundo evoluciona, cambia, los intereses gravitan, pero, cuando estos se encuentran fuera de la historia por más poder que ostenten, podrán paralizar, retrotraer, sin embargo, como el mar y el río, tiempo después, conquistan sus aguas y sus cauces

Es posible que Estados Unidos durante muchos años, casi 100 años, conformara los ideales de gran parte del mundo; hoy, los matices han generado nuevos actores, que hoy hay que sentarlos a la mesa, más allá de su poder económico, militar. El juego es del respeto de cada quien, de su cultura, tradición, costumbre, religión, porque como nos dice Noan Chomsky y Nathan J. Robinson, en su libro El Mito del Idealismo Americano: Como la política exterior de Estados Unidos pone al mundo en peligro “Para entender la política exterior de cualquier Estado, es útil comenzar por explorar su estructura social interna.

¿Quién determina el diseño de estas políticas? ¿Qué intereses están representando estas personas? ¿De dónde emana su poder? Es razonable suponer que estas políticas reflejan los intereses particulares de quienes las diseñan. En todos los países existen estructuras internas en las que hay grupos que tienen mucho más poder que otros…”.
Los diez países con el PIB más alto del mundo, determinado por el FMI, Banco Mundial y Word Fórum Mundial, son:
1) Estados Unidos.
2) China.
3) Alemania.
4) Japón.
5) India.
6) Reino Unido.
7) Francia.
8) Italia.
9) Canadá.
10) Brasil.
En el continente asiático son 49 países y representan el 60-62% de la población mundial. La civilización oriental está conformado y configurado en una gran proporción por el hinduismo y el confucionismo.

En La Estrategia del Dragón, de Analia L´abbate y Karina Qian Gao, nos dicen “Los chinos creen que el éxito es un camino de comunión y respeto, de estrategias y virtudes de paciencia y de constancia”.
Hay civilizaciones que tienen miles de años (Irán, que viene del antiguo Imperio Persa, China, India y el imperio de los Zares (Rusia). Sus visiones no están caracterizadas por el inmediatismo y por un periodo presidencial ni la exacerbación del individualismo, sino, en el colectivismo. Visiones distintas que pueden encontrar puntos de intereses y motivaciones que hagan posible un mundo mejor.

Hoy, el miedo, el temor y la duda se acrecientan y la ceguera de un personalismo ciego nos aturde día a día, en su atolondrada psicología personal.

Hoy estamos en el mundo peor que hace un año y dos meses (20 de enero 2025). Romper las alambradas del miedo, del temor y de la duda, como fuego articulado narrativo de mitos, ha de ser la gran proeza de los que saben que la marcha de la historia, con el optimismo y la voluntad, se impondrá.

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