Por Cándido Mercedes
“Los sentimientos elevados, finalmente, ganan. Los líderes que prometen sangre, sudor y lágrimas siempre consiguen más de sus seguidores que aquello que les proponen seguridad y buenos momentos. Cuando llega el instante crucial, el ser humano es heroico”. (George Orwell).
Si hay alguna área del quehacer humano que se convierte en inevitable es la visión estratégica de su accionar, de su carácter decisional, en función de su proyecto de nación bosquejado de manera permanente, es el aura en la sombrilla de una visión inexcusable. Porque como decía alguien, uno no planifica para fallar, se falla por no planificar.
Esa dimensión humana es la política.
La política como arte y como ciencia, pero, que su esencia medular es servir, transformar el aquí en el mañana, se reviste como arco, como puente, en el escenario de lo colectivo, de los intereses y, en consecuencia, en el laboratorio del laberinto donde se fraguan los conflictos.
La política trae consigo el germen, desde su génesis, desde su entraña, la conflictividad: intereses, individuos, proyectos, motivaciones distintas en el amplio campo de la diversidad. La capacidad de gestionar los conflictos es el quid pro quo de uno de los arsenales de mayor relieve de un político profesional y de un profesional de la política.
Tanto el político profesional como el profesional de la política tienen que ver los hechos, los momentos, en perspectivas conjugadas de futuro, oteando el ayer, comprendiendo el presente y su contexto, para mirar los movimientos de sus acciones con el atrio de sus consecuencias, de cómo los actores involucrados interactúan y cuales decisiones se enrumban hacia el futuro de manera más significativa. Su horizonte es empujar hacia un ganar – ganar; comprendiendo que siempre afectamos intereses, expresados en clase, en distintos poderes fácticos, que hoy llamamos actores estratégicos. Entre esos actores estratégicos encontramos:
a) Los empresarios con sus estratificaciones y su jerarquización.
b) Los partidos políticos.
c) Las asociaciones profesionales (Colegio Médico, CODIA, Colegio de Abogados, etc.).
d) Los sindicatos (ADP, CONATRA, FENATRADO, las centrales de trabajadores.
e) Las universidades y los colegios privados.
Aquí tenemos que, la gran mayoría de los actores políticos son políticos profesionales, empero, no profesionales de la política. Político profesional es aquel que la mayor parte de su tiempo se la pasa ejerciendo en el campo de la vida política. Aquel que desde hace mucho tiempo se ocupa de la política como uno de sus roles.
No estamos evaluando la calidad, eficiencia y eficacia de su papel como político profesional, sino su ascendencia. Es, en el contenido real de su existencia, el que vive de la política, donde la mayor parte de su tiempo ha sido en esa postura. Se puede ser político profesional y profesional de la política, este último es el que tiene una buena formación, más allá de la carrera universitaria que posea. Es aquel que, en su formación, en su preparación, sabe de política como ciencia, conoce de historia, de economía, de derecho. Es decir, tiene cuasi aire de politólogo.
Actualmente, tenemos muchas personas que han entrado al campo de político profesional (ejerciendo la política desde un cargo, gestionando políticas públicas) que son muy buenos profesionales en el campo de su investidura universitaria, no obstante, adolecen de alas de un político profesional. El político profesional muy rara vez crea ruidos innecesarios, calcula sus palabras y hasta sus gestos.
Si elaboráramos una taxonomía, una clasificación de los actores políticos de la sociedad dominicana, tanto desde la visión de político profesional como de profesional de la política, luego las calidades en su praxis y en su formación, el panorama es de una evaluación con el paralelismo, la analogía, de cómo andamos en educación o en salud en República Dominicana. Veamos:
a) Como evaluar a un Ministro de Trabajo desde la perspectiva de político profesional y profesional de la política que en el momento actuar, habla de “jornada laboral reducida” en un país que el mayor hándicap es la problemática de la productividad, la competitividad y donde carecemos de la innovación de la alta tecnología. Allí donde la informalidad laboral se encuentra en 54.2% (de las más bajas en los últimos años), y, donde la gran mayoría de ellos no tiene protección social ni un sistema de pensión/jubilación.
b) Una sociedad donde desde el Estado se propicia la inequidad y la iniquidad con el abismo de la asimetría salarial más desigual del planeta: hay sueldos de un millón, un millón quinientos mil pesos mensuales y el sueldo mínimo en la Administración Pública es de apenas RD$10,000.00. Las mujeres siguen ganando menos sueldos que los hombres cuando hay un principio que reza: A trabajos iguales, en idénticas condiciones, salarios o sueldos iguales, al tiempo que los puestos más precarios están en el género femenino.
c) No conozco ningún informe o estudio que provenga del Ministerio de Trabajo, que aborde las ventajas para la sociedad dominicana de seguir manteniendo la cesantía laboral, como establece el actual Código de Trabajo. Tenemos la Estrategia Nacional de Desarrollo (1-12) y la Ley de Seguridad Social 87-01 que hablan de un seguro de desempleo. Además, las otras alternativas no anulan los derechos adquiridos, más allá de que existe el régimen de pensiones y jubilaciones.
d) Oímos un ministro en televisión, talvez sacado de contexto o una edición que lo “perjudicó”, decir que la guerra, no declarada de Estados Unidos –Israel contra Irán no nos afectaría, porque tenemos reservas para dos meses. Luego lo veríamos en un pódium hablando del aumento de los combustibles. Sanz Lovaton en la entrevista en el Grupo Corripio aseguró “que la cadena de abastecimiento no está en un riesgo inmediato, ya que los importadores de combustibles tienen contratos a largo plazo y los insumos del sector eléctrico están contratados para todo el 2026”.
Robert Renger nos decía “Cuando mejor sepamos captar la realidad, mejor será la calidad de nuestros resultados”.
Los actores estratégicos, principalmente los empresarios, tienen que asumir una cuota de mayor responsabilidad frente a una sociedad de mercado regida por las relaciones de producción capitalista, constituyen, como clase, el eslabón fundamental en esta sociedad. Por lo tanto, han de tener consciencia de clase, que significa trascender la visión rentista y meramente corporativista.
Tienen que trascender hacia unas mayores responsabilidades sociales, sabedores de que conjuntamente con los sectores más vulnerables, son los más llamados a perder de cara a una crisis económica, social y política.
No se vislumbra a corto plazo, empero, el comportamiento humano, el grado de predictibilidad de sus acciones es impredecible, aun con los indicadores que indican tendencias. Los empresarios tienen que pasar de los discursos a sentarse seriamente con los políticos a diseñar la arquitectura del país que ameritamos, a señalar qué cosas podemos hacer en 4, 8, 12, 16 años que coadyuven a transformaciones reales, a los cambios estructurales que hay que hacer, independientemente de que partido gane.
Una pequeña elite educada no garantiza un desarrollo armónico de un país a largo plazo. Más tarde o más temprano pierde competitividad.
Es lo que está ocurriendo en Estados Unidos. La educación ha de ser de calidad y rigurosa para el conjunto de la sociedad. Siendo la séptima economía de la región (33 países) es causa de rubor, turbación, que lleguen inversionistas y que tengan que irse para Costa Rica porque no tenemos el capital humano que tenga las capacidades, conocimientos, competencias y el know how, para agregar valor al trabajo potencial que se le presenta.
Deben dar un paso glorificador: plantearse como clase que su país no sea uno de los países líderes en evasión de ITBIS (37-40%) y en el Impuesto sobre la Renta (60%).
Contribuir, negociando con los que dirigen el Estado, para que entiendan la responsabilidad de tener un capital humano con salud y con educación. En salud apenas se invierte 1.9% del PIB desde hace más de 30 años. No es una salud propia del Siglo XXI.
Lo que da el valor necesario para emprender cualquier decisión que implique transformación es la integridad personal, profesional e institucional; allí donde nos toque interactuar como líder o en el rol de directivo. En el tránsito actual el gatopardimo, el cinismo, la simulación y la hipocresía social-moral no han de tener espacio. ¡Los telones se cierran y se abren a la misma velocidad! Poniendo en evidencia lo que verdaderamente somos.
Tienen que mirar con nuevos lentes, con nuevas perspectivas. Lo que estamos esbozando es que “el desafío es reaccionar al cambio de contexto antes de que se convierta en crisis”.
Todo lo que desde el Estado le trastoque la competitividad, deben asumirlo como sujeto protagonista permanente. Los actores políticos son efímeros y los empresarios, con su miopía y ceguera sempiterna, lo prolongan en el tiempo en una eterna gratitud particular-individual, sin sentido de la historia.
En el sector empresarial urge de un liderazgo más proactivo y más empático con la sociedad dominicana. Un liderazgo más ético, pues todavía en el Siglo XXI, en su tercera década, “aprovechándose” del desempleo, tienen “empleados” en la informalidad de la informalidad. No es empleos informales. Es más desgarrador, más abominable. Son personas que trabajan, los suspenden cada dos meses y medio y el dinero que reciben es lo que le damos los usuarios y consumidores de esos grandes supermercados.
La sociedad dominicana requiere un pacto, un contrato político, económico, institucional y social que comience por no politizar temas que son societales, cardinales para el conjunto, para el Estado (seguridad, narcotráfico, lavado, tráfico de armas, educación, salud, modelo económico, medioambiente y minería sostenible, etc. etc.). La música para los diagnósticos y reuniones de poses y fotografías ya pasó.
¡Es el noble propósito de mirar e imaginar el futuro con una visión compartida, que se recree tan sistemáticamente que la sociedad entera la internalice y se comprometa con ella, donde todos vamos remando hacia la misma dirección, con la olla y el caldero rimando en las necesidades de la vida!
