«Peaky Blinders: The Immortal Man», trece años después, Tommy Shelby aún tiene cuentas pendientes



Hay personajes que un actor interpreta. Y hay personajes que un actor habita. Tommy Shelby pertenece a la segunda categoría, y Cillian Murphy lo sabe mejor que nadie.

«El lujo de haberlo interpretado durante tanto tiempo es que toda la investigación ya está hecha», dice Murphy, con esa economía de palabras que comparte con su personaje. 

«Has vivido junto a él. Has envejecido junto a él. Trece años de eso. No lo voy a volver a experimentar. Es algo verdaderamente único». No lo dice con nostalgia exactamente, sino con la conciencia tranquila de alguien que entiende la rareza de lo que le tocó. 

Pocos actores en la historia de la televisión contemporánea han tenido la oportunidad de crecer dentro de un personaje durante más de una década, de dejar que la vida real filtre hacia la ficción, de que el tiempo trabaje a su favor en lugar de en su contra. «Peaky Blinders: The Immortal Man» (disponible en Netflix) no es televisión. Es otra cosa.

Birmingham, 1940. La Segunda Guerra Mundial está destruyendo Europa y Tommy Shelby regresó de un exilio autoimpuesto para enfrentarse a lo que probablemente sea su ajuste de cuentas más brutal. No con un enemigo externo, no con la policía ni con rivales de otros territorios, sino con algo mucho más difícil de esquivar: su propio legado. 

La pregunta que articula la película, según el propio Murphy, es si Tommy va a enfrentarse a lo que ha construido o si va a incendiarlo todo. Y esa pregunta sólo tiene sentido después de seis temporadas de televisión que convirtieron al jefe de los Peaky Blinders en uno de los personajes más complejos que ha producido la ficción británica en lo que va de siglo.

Por eso la presión de justificar la existencia de la película era real y todo el equipo lo sabía. «La serie fue tan exitosa y se fue haciendo más profunda con el tiempo», dice Murphy, «así que la película necesitaba justificarse a sí misma». No como continuación automática ni como producto de marca, sino como una obra que tuviera razón de existir por derecho propio. 

La respuesta, cuando llegó, fue temática antes que argumental. «Cuando descubrimos que el motor era la familia, una historia de padre e hijo con la introducción de Duke, supimos que íbamos por el buen camino». 

La historia de Tommy Shelby siempre fue, en el fondo, una historia sobre lo que heredamos y sobre lo que les dejamos a quienes vienen después. Que la película lo convirtiera en su centro de gravedad no es un giro narrativo. Es una consecuencia lógica.

Duke Shelby es Barry Keoghan, y su incorporación al proyecto dice mucho sobre el momento en que se encuentra el actor irlandés. 

Keoghan lleva varios años siendo uno de los nombres más interesantes de su generación, con una capacidad para la incomodidad y la intensidad contenida que no abunda. Y sin embargo, su primera reacción al entrar en el mundo de los Shelby fue de pura y simple desorientación. 

«Recuerdo la prueba de pantalla, ver a Cillian como Tommy Shelby por primera vez en persona, mirándome», cuenta. 

«Y yo pensaba: ‘mira dónde estoy, soy nuevo en esto'». La anécdota tiene gracia, sobre todo viniendo de alguien que admite llevar el corte de pelo característico de los Peaky Blinders en su vida personal durante una década y que le confunden con un miembro del reparto en la calle. 

«Es irónico, ¿verdad?», dice con esa sonrisa suya que siempre parece guardar algo. Pero debajo de la anécdota hay algo más serio: la conciencia de lo que significa entrar en una franquicia que tiene un ejército de seguidores, una mitología consolidada y un actor protagonista que lleva trece años siendo ese personaje. 

«Es un honor. Y da miedo. Y hay una expectativa enorme. Solo esperas estar a la altura».

Tim Roth llegó desde el otro extremo del espectro: sin haber visto la serie.

La decisión fue deliberada. «Creo que habría estado más nervioso si la hubiera visto», admite. Lo cual es una forma interesante de entender cómo funciona su cabeza como actor. 

En lugar de intentar encajar en un universo que no conocía, eligió entrar limpio, sin referencias previas que filtrar ni expectativas que gestionar. «Entras por esta ‘puerta familiar'», describe, usando una metáfora que captura algo real sobre el rodaje. Pero lo que terminó de convencerlo no fue la premisa ni el personaje que le ofrecían. Fue la sensación de que el director Steven Knight y el productor Tom Harper se estaban tomando el proyecto completamente en serio. 

«Lo que Tom y Steve estaban haciendo era una película de verdad. A fondo. La única pantalla verde que viste era para eliminar los rascacielos del fondo». 

En una era en que la distinción entre cine y televisión de presupuesto alto se ha vuelto cada vez más difusa, esa claridad de intención importa.

Tommy Shelby was never destined to be a normal, mortal man. Peaky Blinders: The Immortal Man premieres March 6 in select cinemas and March 20 2026 on Netflix.

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Watch on Netflix: https://www.netflix.com/title/81319485

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Peaky Blinders: The Immortal Man | Official Trailer | Netflix
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VIDEO.  Peaky Blinders: The Immortal Man | Official Trailer | Netflix

Rebecca Ferguson aporta algo que la película necesita estructuralmente: una perspectiva exterior. Su personaje, Kaulo, viene de fuera del universo Shelby. Suena diferente. Se mueve diferente. Piensa diferente. Y eso, en un mundo tan cerrado sobre sí mismo como el de los Peaky Blinders, es un elemento dramático valioso. 

«Lo disruptivo siempre resulta interesante en un entorno establecido», dice Ferguson, que lleva varios años siendo la actriz que elige proyectos con la misma precisión con que elige no explicarlos demasiado. 

«Mi personaje viene de fuera, pero hay una conexión temática. Es otro obstáculo para ellos». Un obstáculo que, en el contexto de 1940 y con Tommy Shelby intentando decidir qué hacer con todo lo que ha construido, probablemente signifique algo más complicado que un simple antagonismo.

Stephen Graham completa el reparto principal como Hayden Stagg, y su presencia es casi una garantía de que la película va a tener al menos una escena que valga por sí sola. Graham lleva años siendo el actor al que los directores británicos llaman cuando necesitan que alguien haga algo emocionalmente imposible y lo haga parecer fácil.

Lo que Peaky Blinders: The Immortal Man tiene a su favor, más allá del reparto y la producción, es una pregunta dramática con peso real. No es una pregunta sobre si Tommy va a ganar o perder. Es una pregunta sobre si Tommy, después de todo lo que ha hecho y todo lo que ha perdido, es capaz de elegir algo distinto a la destrucción. Si un hombre que ha construido su identidad entera sobre el control y la violencia puede aprender, tarde y con todo lo que eso cuesta, a soltar. Trece años de preparación para responder. Y una sola película para intentarlo.

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