Sacerdote lamenta las «grandes desigualdades» de RD y critica la falta de prioridad de los gobiernos



Con motivo de la Semana Santa y como parte del itinerario de la Iglesia católica, se celebró la tradición del Sermón de las Siete Palabras, como simbología a las siete frases que Jesucristo pronunció mientras estaba en la cruz del Calvario.

La segunda palabra fue meditada por el reverendo padre Mario De la Cruz Campusano, párroco de la parroquia Nuestra Señora de la Divina Providencia, de Santo Domingo, quien pronunció: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

En su discurso, pronunciado en la Catedral Primada de América, el reverendo alzó su voz en contra de las “grandes desigualdades sociales” que tienen presencia y afectan a la República Dominicana.

De la Cruz Campusano también se pronunció sobre los lujosos sueldos que devengan los funcionarios, mientras un “pobre obrero” subsiste con el sueldo mínimo y con mayor carga de trabajo que los servidores públicos.

“Un funcionario que gana entre RD$300 mil y un millón de pesos, cuando un pobre obrero, le puede ser que trabaje más, gana un sueldo mínimo de RD$16,000 y RD$18,000, RD$27,000 o RD$29,000, según la empresa, según donde trabaja, y que un conserje o un portero de una escuela gane RD$14,000 pesos”, expresó el reverendo.

Sermón de las Siete Palabras

Asimismo, De la Cruz Campusano enfatizó el escaso sentido de prioridad de los gobiernos dominicanos, priorizando aquellas acciones que les aseguren mayor cantidad de votos.

“Cómo puede ser, también, que nuestros gobiernos tengan tan poco sentido de prioridad, que hagan todo lo que no es necesario o lo que les da más voto primero y, después, si tienen recursos o tiempo, así lo necesario”, expresó.

Sermón de las Siete PalabrasVíctor Ramírez

Salud

De igual forma, De la Cruz Campusano resaltó las inversiones millonarias del Gobierno en “megaproyectos”, “mientras que no hay dinero para la educación, para las viviendas y para otras prioridades y que los pobres son cada vez más pobres y muriéndose de hambre”.

«En el caso de la salud, por ejemplo, un proyecto de miles de millones de pesos y la salud colapsada en nuestro país; además, hay que ir a los hospitales públicos para darse cuenta: nunca se encuentra una cama para alguien que llega en una emergencia o que llega con un problema grave de salud. Los enfermos tirados en una silla en un pasillo para una cita tienen que tomarse un día para ser atendidos, etc”, manifestó.

Violencia y energía eléctrica

El reverendo también resaltó que “tampoco hay dinero para resolver los grandes problemas de la violencia, de la energía eléctrica, de la delincuencia, de la corrupción que afectan grandemente a nuestro país”, pronunció en su discurso.

Sin contacto con Abinader y funcionarios

Asimismo, resaltó la dificultad que como sacerdote ha tenido para estar en contacto con el presidente de la República, Luis Abinader, y algunos funcionarios públicos para tratar temas de interés social y necesidades comunitarias.

«Quiero comentar, además, que me da mucha tristeza el hecho de que he tratado por muchas vías de tener una cita con el señor presidente y con algunos funcionarios públicos, para tratarles algunas urgencias de la comunidad y algunos temas que conciernen a todo el país, y no he podido encontrarla. En este mismo instante comprendí que las más de 200,000 personas que tengo a mi cargo, por un lado, y más de 3 millones de personas, por otro, a mi cargo a través de la parroquia de la pastoral familiar, entre otras responsabilidades, en su mayoría no son parte de la agenda del presidente o de los funcionarios y, por lo tanto, no tienen acceso ellos tampoco al presidente o a los funcionarios”, expresó.

Finalmente, expresó su deseo de que cada dominicano y dominicana hiciera suya la segunda palabra: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, para que los mismos se encaminen “por los senderos de la superación y del desarrollo y para erradicar los grandes males que aquejan, como la violencia, desigualdad; así serán en realidad en nosotros”.

“Esas palabras de hoy: ‘Estarás conmigo en el paraíso’, me dejan muchas cosas por decir, pero tengo que terminar esta parte; por eso solo quiero culminar con esta oración: que te veamos cerca de nosotros ahora y a la hora de nuestra muerte y que en la tarde de nuestra vida entremos contigo al paraíso de la comunión con Dios y de la vida eterna, Señor Jesús. Acuérdate de mí, ahora que estás en tu reino; líbrame de mis errores, líbrame de mis pecados, de mis odios, de mis ambiciones, de mis injusticias, de mis vicios, de mis miedos, de mi vida egoísta, de mi vida carnal, orgullosa; líbrame de mí mismo, y llévame contigo al paraíso de la buena conciencia de la vida cristiana, al paraíso de la iglesia, de la oración, de la caridad, de la vida eterna. Amén”, concluyó.

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