Por José Ricardo Taveras Blanco.
Ambos andan mal, la policía porque no debe dar por toda explicación que ultimó a un reconocido delincuente en un enfrentamiento de disparos y la comunicación social porque estigmatiza la policía con la misma ligereza, sin atender que esos resultados suelen ser legítimos e indispensables dada la naturaleza del trabajo policial, el cual no ha sido concebido para contemplar un cuerpo del orden impoluto y en capacidad para inmolarse para evitar ser cuestionado en nombre de los derechos humanos, ellos también tienen derecho a la legítima defensa.
Nuestro desafío no es el estigma de los procedimientos policiales sino la búsqueda de un equilibrio en el que, ni la policía de por toda explicación el intercambio de disparos, pero que tampoco sea acusada de asesina cada vez que ello se produce.
Si bien es legítimo que la policía al defender la sociedad se defienda, también lo es que la sociedad no se dé por explicada con la sentenciosa frase de que fue ultimado un reconocido delincuente en un intercambio de disparos, sin que medie un informe pormenorizado en el cual puedan ser levantados los antecedentes del occiso o imputaciones en curso y, transparentada de algún modo su resistencia al arresto y la puesta en peligro de la vida de los agentes actuantes.
Admitir que no sea así es abandonar a la discreción policial la determinación de quien vive o muere y en consecuencia admitir la pena de muerte sin juicio previo.
Cuando las razones son evidentes por antecedentes reconocidos del supuesto infractor ultimado, todo parece estar legitimado porque los eventos suelen acreditarse ostensiblemente, sin embargo, resulta complejo cuando esa discreción se aplica por error o en contextos en que los policías parecerían ser los delincuentes, como ocurrió con la pareja de pastores ultimados entre Villa Altagracia y Santo Domingo.
De manera que las críticas contra la Policía Nacional, penosamente desprestigiada, las más de las veces por su propia culpa, deben ser moduladas desde la comprensión de la naturaleza del trabajo policial, en el que este tipo de resultados le son propios y legítimos, pero también ésta debe ganar legitimidad documentando adecuadamente todo suceso en el que pueda caer abatido un ser humano, teniendo por todo enfoque demostrar la pertinencia del procedimiento todas las veces en que sea posible, ese es un punto de equilibrio que como sociedad debemos procurar con este tema, es en el que yo me enfocaría si fuera el presidente Luis Abinader y el que exigiría al jefe de la policía.
