Por Charlie Núñez
Una y otra vez, no me canso de repetir que no existen dos actividades que se asemejen más para aplicar estrategias que el baloncesto y la política.
Los errores que se cometen en la dirección de una organización política o en una campaña son los mismos errores que se cometen en la conducción de un equipo de baloncesto o de un juego.
Hay un término muy acuñado entre los amantes del baloncesto, al menos en mis tiempos, no sé en el de hoy; es el término “guerrilla”. Este en la realidad se refería, sobre todo en Puerto Rico, a unos enfrentamientos callejeros que se realizaban sin muchas reglas, por lo general en canchas del barrio.
También le llamaban guerrilla a las acciones de jugadores de la banca que entraban con mucho ímpetu a sustituir a un jugador regular.
Pero se popularizó mucho el llamar guerrilla a la actitud de jugadores de un mismo equipo que comenzaban a discutir entre ellos o ejercer acciones que afectaban el desempeño del equipo.
El viejo PRD, hoy PRM, es una agrupación que nos tiene acostumbrados a eso; por lo general, en el basket y la política, la guerrilla comienza a manifestarse cuando las cosas comienzan a no salir bien. Todo el que ha estado involucrado, aunque de lejos, con el deporte del aro y el balón, sabe cuál es el resultado: una derrota segura.
En el PRM y su gobierno todo era alegría mientras no se habían caído algunas máscaras; ahora se está viendo que todos los anuncios gubernamentales y publicidad apoyados por comentaristas pagados son una gran mentira; las cosas comienzan a salir mal y con ello la guerrilla.
Debemos acostumbrarnos a que diariamente saldrá un guerrillero diferente, pero demos gracias a Dios, pues, como el resultado en los juegos de baloncesto, para el 2028 ya sabemos cuál es el resultado; una derrota segura.
