Enero 27, 2026
Por: Rafael Céspedes Morillo
En el artículo anterior vimos, a partir de mis consideraciones, cómo se aplicarían las tres primeras D: Descabezamiento, Desplazamiento, y De orden, y en este hablaré de la cuarta: Desarrollo.
El público común, y aun algunos considerados expertos, entienden que Delcy Rodríuez permanecerá en el poder hasta que ‘’sobreabunde’’, olvidando o no reconociendo, en primer lugar, la realidad de que el verdadero poder lo tiene su hermano y mentor, Jorge Rodríguez, y que los que gobiernan desde atrás la (los) están usando.
No tengo duda de que ellos serán los cuartos desplazados, porque, tal como dijera en el primero, con ellos no sería posible construir una democracia real; simplemente no son demócratas, juegan a serlo a partir de ahora, pero todos sabemos que no lo son. De modo que, en su momento, les dirán cuál es la puerta de salida. Ojalá que sea pronto, pero la rapidez no depende de un simple deseo: depende del plan maestro que debe aplicarse, y ese plan es restablecer la verdadera democracia en Venezuela.
Eso es lo que debe primar, no la rapidez ni los deseos o aspiraciones de grupos ni de países.
Ese desarrollo del que hablo lo veo estableciendo una gobernanza sin los personeros principales del “chavismo”; reitero, incluidos los hermanitos de la caridad Rodríguez, así como en los casos de Diosdado Cabello y Padrino López. Ellos tendrán la oportunidad, por razones tácticas, de elegir sus propias tumbas —aunque sigan respirando en ellas—, pero serán donde sea y como sean, “muertos” políticamente. Y confieso que ellos trabajaron para eso; de modo que se lo ganaron.
La segunda parte del desarrollo que veo son unas elecciones libres y democráticas, donde funcione un CNE honesto, profesional, independiente y con las garantías necesarias, de manera que, una vez celebradas esas elecciones, sean publicadas las actas de los resultados y no se pretenda una victoria secreta, como se propuso validar el actual comité de base del PSUV al que llaman CNE, otorgándole la victoria al derrotado.
Creo que estas elecciones se producirán en un margen de tiempo no menor de 12 a 18 meses, porque es necesario que las reglas del juego se cumplan y que lo que venga tenga credibilidad nacional e internacional, de modo que Venezuela vuelva a ser un país en progreso y que, aprovechando las grandes condiciones que posee, estas se usen para beneficiar al pueblo y no a una camarilla de delincuentes haciendo de políticos, como sucedía hasta hace unos días.
¿Cuáles son las perspectivas que veo en el ámbito del liderazgo de Venezuela en estos momentos? Me respondo diciendo que observo grandes vacíos de representación en sus diferentes estructuras políticas, sociales y económicas.
Ya no existe visiblemente una Fedecámaras con el poder y la representación que tuvo en su momento; los sindicatos fueron aniquilados; el sector estudiantil, pujante y vigoroso como lo fue, no se hace notar.
En el campo político es difícil identificar líderes realmente independientes; parece que son muchos, pero con poco peso real.
De los “viejos” líderes tenemos el caso de Capriles, hoy asambleísta. ¿Qué hará allí?, ¿Qué hará desde allí? Eso puede significar mucho en su futuro inmediato. Dependerá de las justificaciones y acciones que emprenda para que pueda ser considerado como una opción viable. Este es solo un ejemplo; hay más con un perfil similar.
Pero, definitivamente, la juventud marcará y será una señal a tomar en cuenta en su posición y accionar, que nos dirá hacia dónde podría venir el futuro de un país que debe mirar hacia adelante y no hacia atrás.
En el próximo artículo hablaré de por qué el petróleo no es lo que quiere Trump; el petróleo es un entretenimiento, porque lo que está en juego es algo diferente y más importante.
