Carlos Nina Gómez
Las siguientes líneas están plasmadas en uno de los capítulos de mi más reciente libro que titulo La prensa vs la perversidad. Las cito porque son de trascendencia para la camada de periodistas novatos que trabaja en medios noticiosos del país. Jóvenes que todavía deben “afinar” su redacción.
Parte de ese segmento: “Sobre el ejercicio del periodismo lamento mucho que se observan a periodistas de las nuevas generaciones que ejercen en República Dominicana…y que van en dirección hacia la mediocridad, aunque reconocemos que aparecen talentos”.
Aunque muchos de esos periodistas noveles -que tienen deseos de avanzar y lograr el éxito profesional- no quieren leer… es decir, no anhelan el deseo de fortalecer su intelecto.
Como lo indica el título del presente artículo: el periodismo correcto no se negocia. O mejor explicar: el ejercicio del periodismo correcto, honesto, impoluto, ético y responsable, debe ser trabajado bajo las reglas de la decencia y su plena normativa progfesional.
En ese mismo orden, hay que combatir -sin piedad ni pausas y fundamentado en los principios- a quienes han llegado a los medios de comunicación a desdeñar y lacerar nuestro oficio. Me refiero a los enganchados, que se disfrazan de periodistas (también han sido bautizados como “comunicadores”) para ir en busca de dinero. ¡Venden su alma al Diablo a cambio de beneficios económicos!
Resaltar, y este punto es de capital importancia, que en República Dominicana el periodismo es la única profesión a la que llega -y hasta intenta imponer su ley- gente improvisada.
Se trata de los mismos individuos que se enganchan a periodistas y no vacilan en proclamar que “ejercen la profesión para beneficio de la sociedad dominicana”. ¡Vaya blasfemia periodística!
La experiencia nos dice que esos improvisados han invadido los medios noticiosos del país, en especial la radio, la televisión y las llamadas plataformar digitales. Además, siempre están presentes en las ruidosas redes sociales. Actúan -y sobre este aspecto hay que insistir- sin cumplir ninguno de los postulados que norman al periodismo profesional.
Los enganchados a periodistas actúan sin ningún control, pero no encuentran la necesaria sanción que deben aplicar las autoridades, especialmente la mal llamada Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, ógano del Estado, pero que en la práctica no funciona.
Hay que actuar sin cortapisas contra los falsos periodistas que no tienen límites para deesa forma salvar el correcto ejercicio de nuestro periodismo.
El Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) debe reclamar, ya, lo que traza la ley de Colegiación y frenar a los falsos comunicadores que incursionan en la prensa nacional.
Continuará…
