Polarización, fragmentación y retroceso en el tránsito de un mundo multipolar



Por Cándido Mercedes

“Muy a menudo, la parte no nos permite ver el todo. Sin embargo, en épocas como esta es cuando más necesario resulta teorizar al tiempo mismo que se narra. Es cuando más necesitamos hilos de los que tirar y análisis que clasifiquen nuestra mirada: es cuando más imprescindible resulta buscar el conocimiento”. (Esteban Hernández: El nuevo espíritu del mundo).

El sentido de la urgencia nos golpea y la falta de certeza nos atolondra. Es el martillazo continuo y sistemático de un orden global que se agrieta. Es la ruptura de una hegemonía unipolar que, al impulso de su reiteración de un espacio que ya no existe, pretende regresar con lo que fue su antípoda: el autoritarismo, con la negación en la praxis política de los valores democráticos y la emergencia de la polarización y fragmentación de un discurso sin contenido.

La falta de certeza y el protagonismo de la tecnocracia impiden ver la necesaria reflexividad en esta época que se convierte en un punto de inflexión, donde la conexión entre el preguntar y la acción ha de expresar el panorama disruptivo del mundo en que nos encontramos.

Nada superficial ha podido calar en el ritmo de la historia. El maniqueísmo dispara con balas de salvas, generando un sonido ensordecedor que deslumbra un relato que pronto se cae, sin exigencia de lo fáctico, de lo empírico, de la verdad. Recientemente, tres importantes organizaciones mundiales, que podríamos denominar think tanks, han producido estudios de la democracia, su retroceso y degradación en el mundo.

V Dem Institute 2026, Freedom House, nos alumbra acerca del auge del autoritarismo y el declive de la democracia, como si fuese “el cielo del autoritarismo que doblega a la democracia” y, con ello, perfilando a más líderes en contra de los valores de la democracia, el amparo del bienestar, de la libertad y la lucha por la igualdad. Los derechos políticos, las libertades civiles han ido mermando en los últimos años. El desafío para la humanidad es ciclópeo ya que genera un dilema: más democracia o una nueva emergencia de la autocracia que supere el modelo y se convierta en la nueva forma de comportamiento de la derecha internacional.

La derecha internacional, representante del capitalismo liberal, ha devenido en una confluencia pasmosa con regímenes autoritarios como Rusia, China. Esa derecha internacional, con su auge de autoritarismo, tiene cercado sus propios límites:

a) El tiempo de vigencia de la democracia, su referencia de bienestar, de protección, de libertad.

b) La retórica de la ultra derecha es meramente maniquea y de exclusión. Migración, xenofobia, racismo, constituyen sus canteras del discurso para aglutinar en “contra” de un “enemigo” creado. No van a los factores estructurales, sino, al espejismo gráfico que existe, no obstante, han sido sus ejes de anclajes para su desarrollo.

c) La acumulación de la democracia ha generado un corpus de conocimiento conceptual, categorial, que permite a la generación X, Milennial y de Cristal, ser más crítico, más cerril. Ello ha traído un difícil contraste y paradoja, la juventud, que, en gran medida, fue indiferente con la eclosión y auge del populismo de derecha, hoy, cuasi 15 años de su irrupción, se está convirtiendo en la trinchera del honor por la libertad.

d) La crisis del liderazgo mundial y, con ello, de esa derecha cuyo representante más conspicuo es un personaje cuasi impresentable, a mí me daría vergüenza tener un presidente como Donald Trump. Nadie con sensibilidad, con sentido del honor, de la dignidad y la entereza puede ver con ojos abiertos a una figura que ha traído más incertidumbre, más volatilidad y más crisis de confianza en el mundo, más allá de los intereses que defendamos. El espectáculo, la mentira y la manipulación ganan espacios públicos, empero, no por mucho tiempo. La escasa formación brota por todas partes. El poder de la fuerza, la coacción, en sí misma, logra victorias, pero no la guerra final.

Más allá del ciclo en que nos encontremos de la historia, la humanidad per se no se retrotrae, penetran ondas expansivas de oscuridad con eclipses devastadores, no obstante, constituyen flujos y reflujos del momento epocal que suele expresarse cada 100 años, más iconoclástico como signo de los avances de la civilización actual en todos los planos.

Nos encontramos frente a lo que llamamos una ideologización sin ideología, donde la decantación son tres componentes: migración, xenofobia y racismo. Una yuxtaposición entre ustedes y nosotros, sin límites, sin racionalidad ni razonabilidad. Sus principios son la exclusión, la marginalización y la “superioridad” de un nosotros. La historia, como fuente del cambio, nunca se ha cimentado sobre lo peor, ha sido la fecunda creación de la acumulación de lo mejor de la humanidad.

La cara oculta de ella se refleja en sí misma, como parte infecunda del ciclo de la adversidad que traspone toda acción dañina que una ínfima parte de la humanidad crea, quedando como residuo, que, al mismo tiempo, hizo emerger lo mejor del ser humano en cada momento de la historia, que es cambio perpetuo, permanente.

Steven Levitsky con otros autores: Daniel Ziblatt y Lucas Way, tienen tres libros: Como mueren las democracias, La dictadura de la minoría y Revolución y dictadura, nos ilustran de manera profesional cómo se ha ido desmembrando la democracia y desde los mismos procesos, procedimientos del ascenso al poder por las vías democráticas y el desconocimiento de las normas institucionales. ¿Cuál es la banalidad del autoritarismo? Los autores referidos, específicamente en el libro La dictadura de la minoría, nos dicen “Las políticas que apoyan intervenciones militares, organizan golpes de Estado, incitan a la insurrección, a poner hombres, a asesinar, a cometer otros actos terroristas o que se valen de milicias o matones para apalear a sus oponentes o intimidar al electorado, no son democracias.

En efecto, cualquier partido o persona que viole una o ambas reglas básicas debería ser considerado una amenaza para la democracia”.

La derecha autoritaria y las derechas emergentes se fueron imponiendo desestructurando, en gran medida, el establishment tradicional, donde los académicos, intelectuales, jugaban un rol fundamental para la hegemonía unipolar, a través del poder blando. Hoy, el hegemon está en declive y esa declinación, con los tres poderes, todavía tendrá que negociar un nuevo orden internacional. Para Estados Unidos está en juego su rol económico mundial, de haber tenido un PIB un 60% mundial en los años 60, 70, 80 del siglo pasado, hoy se encuentra en un 25%. China y la India representan un PIB mayor que el imperio del norte.

El BRICS, con sus contradicciones, escenifica un peligro para la potencia más endeudada del mundo. El BRICS pretende una moneda alternativa al dólar norteamericano y, la guerra contra Irán representará en el Golfo Pérsico, que los petrodólares puedan comenzar a resquebrajarse para el poderío financiero americano.
Toda la plataforma de polarización y fragmentación que Donald Trump postuló en su campaña para volver al poder, se ha ido convirtiendo en un verdadero boomerang. Esteban Hernández nos recrea: “Trump optó por hacer del eje nacional/global el centro de su campaña, y a que las políticas mundialistas habían debilitado a la nación.

Utilizó un enérgico discurso anti statu quo, con el que combatía las creencias dominantes en los tiempos recientes: El neoliberalismo se había acabado, el orden basado en reglas debía dejar paso a una reformulación que favoreciera a Estados Unidos y había que poner punto final a la externalización de las capacidades del país”.

A un año y tres meses de su segundo mandato, todo el discurso de la narrativa de seducción se explosiona, se desdibuja conforme pasa el tiempo. Hoy su aprobación se encuentra en un 23% y apenas en un 19% de los que lo apoyaron. El Partido Republicano comienza a distanciarse. Sencillamente 249 años de historia, de cambios, no pueden desfigurarse por un poder personal, más allá del eje institucional, que le dio a Estados Unidos, su carácter de diferenciación, de decantación con otras democracias

Un país de migrantes no puede negarse a sí mismo ni borrar su historia y su origen. No puede desconstruirse en el gran paraguas de AMERICANO, donde convergen todos, independientemente de sus raíces: afroamericano, hispanoamericano, chino americano, indoamericano, angloamericano. El país del mundo más abierto y eso lo hizo, en gran medida, grande. Razas distintas han podido construir un grupo étnico muy interesante para su historia como país.

Esta crisis, que es fragmentación y retroceso, es muy probable que, en el proceso de la transición multipolar, lleguemos a lo que el gran filósofo Kant postulaba: un ordenamiento jurídico mundial. Asumía un derecho cosmopolita como expresión de un orden global de justicia “en el que todos los pueblos del mundo poseyeran el derecho”. De allí que Mijail Gorbachov, al recibir el Premio Nobel de la Paz en 1990, citando a Kant reflexionó “Immanuel Kant profetizó que la humanidad se enfrentaría un día a un dilema; o conformar una verdadera unión de naciones o perecer en una guerra de aniquilación que acabaría con la extinción de la raza humana.

Ahora, al pasar del segundo al tercer milenio, el reloj ha marcado la hora de la verdad”.
Estamos frente a un gran desafío de la humanidad. Creemos que más allá de los intereses económicos, geopolíticos, geoeconómicos, geoestratégicos, la sobrevivencia de la humanidad se impondrá. En los Estados Unidos las fuerzas sociales internas más sensatas tomarán sus decisiones, aun sacrificando al hoy rey sin corona, donde un poder institucionalizado herido cobre su verdadero sentido y el ritmo de su historia.
Volvemos a Kant para terminar porque nos decía “el ser humano, a pesar de que desea una ley que ponga límites a la libertad de todos, tiene una inclinación egoísta que le induce a exceptuarse a sí mismo a la menor ocasión”. Por ello, la polarización, la fragmentación y el retroceso democrático, más allá de la transición de un mundo multipolar, solo es viable de manera más expedita, si reivindicamos a Cicerón, cuando establecía “solo siendo esclavos de las leyes podemos ser libres””.

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