¿Cómo andamos bien si nos dicen que vamos mal?



Por Daniel Toribio

En pocos días los dominicanos hemos recibido dos mensajes oficiales difíciles de conciliar.

El Banco Central afirma que la economía mantiene un sólido desempeño. Destaca el crecimiento económico, el aumento del turismo, las remesas, la inversión extranjera, la estabilidad financiera y una apreciación acumulada del peso cercana al 8 %.

Hacienda transmite una señal distinta.

En la presentación de las medidas para enfrentar la crisis internacional provocada por el conflicto entre Israel e Irán, advierte que el alza del petróleo puede generar fuertes presiones fiscales. Según sus estimaciones, mantener el esquema actual de protección a los combustibles podría representar entre RD$40,000 y RD$50,000 millones durante este año. Además, plantea una reorientación del gasto público y un conjunto de medidas tributarias para obtener recursos adicionales.

La pregunta surge sola.
¿Cómo andamos bien si nos dicen que vamos mal?

La explicación oficial es que ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

La economía dominicana no está en crisis. El crecimiento continúa, las reservas internacionales siguen en niveles elevados y el sistema financiero mantiene indicadores adecuados de solvencia y liquidez.

Pero tampoco está aislada de los efectos del entorno internacional.

El propio Banco Central informó esta semana que la inflación interanual alcanzó 5.35 %, por encima del límite superior de su rango meta. Para muchas familias, la inflación que sienten en alimentos es todavía más alta.

Es decir, los efectos de la crisis internacional ya comenzaron a sentirse en la economía dominicana.

Sin embargo, existe un aspecto que recibe menos atención.

Cuando el Gobierno habla de subsidios a los combustibles, gran parte de la población imagina recursos saliendo directamente del presupuesto nacional. Pero una parte importante de ese esfuerzo consiste en impuestos que el Estado decide no cobrar para evitar aumentos mayores en los precios internos.

En otras palabras, no siempre se trata de gastar más.Muchas veces se trata de recaudar menos.

Y cuando el Estado deja de cobrar ingresos para contener la inflación, las presiones fiscales aparecen por otra vía.

Ahí es donde el discurso de Hacienda comienza a diferenciarse del discurso del Banco Central.

El Banco Central observa una economía que sigue creciendo.
Hacienda observa el costo fiscal de sostener esa estabilidad.
La contradicción no está en los números.

Ambas instituciones describen aspectos distintos de una misma realidad.

La contradicción aparece cuando se comunica simultáneamente una narrativa de fortaleza económica y otra que justifica ajustes presupuestarios y nuevas medidas tributarias para enfrentar una crisis internacional.

La economía dominicana no está en crisis.

Pero tampoco disfruta de la comodidad fiscal que sugieren algunos discursos oficiales. La estabilidad existe.
La pregunta es cuánto cuesta mantenerla.

Y, sobre todo, quién terminará pagando la factura.

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