Investigadores del Hospital Houston Methodist, en Estados Unidos, informaron que el uso de medicamentos para la pérdida de peso basados en agonistas del receptor GLP-1, como semaglutida y tirzepatida, se asoció con una reducción del 41 % en el riesgo de desarrollar cánceres relacionados con la obesidad en personas obesas sin diabetes, según un estudio publicado en la revista ‘Annals of Oncology’.
Qué descubrieron los estudios
El hallazgo más reciente se presentó en la Reunión Anual 2026 de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO) y se publicó en la revista JCO Oncology Practice. Investigadores de Penn Medicine analizaron los registros médicos de 111,646 mujeres de entre 45 y 80 años con sobrepeso u obesidad, y encontraron que quienes usaban fármacos GLP-1 tenían alrededor de un 30 % menos de probabilidad de desarrollar cáncer de mama frente a quienes no los usaban.
La asociación se mantuvo tras ajustar por factores como edad, raza, etnia, índice de masa corporal, densidad mamaria y diabetes.
No es un caso aislado. Otro estudio presentado en ASCO, basado en los registros de más de 281,000 personas, comparó a usuarios de GLP-1 con personas que tomaban aspirina y reportó un 36 % menos de riesgo de cáncer de colon entre los primeros; el beneficio subía a casi 42 % en personas con antecedentes personales o familiares que las ponían en mayor riesgo.
Además del riesgo de aparición, otras investigaciones apuntan a la evolución de la enfermedad. Un análisis de la Cleveland Clinic, con datos de más de 12,000 pacientes, vinculó estos fármacos a un menor riesgo de que el cáncer progresara a etapas avanzadas, al compararlos con otro tipo de medicamento para la diabetes (los inhibidores DPP-4). Y un estudio de la Universidad de California en San Diego halló que pacientes con cáncer de colon que tomaban GLP-1 tenían menos de la mitad de la mortalidad que los no usuarios.
Qué tipos de cáncer
Hasta ahora, las señales más fuertes apuntan a cánceres vinculados a la obesidad y al metabolismo. Los más estudiados en este contexto son el cáncer de mama, el cáncer de colon y colorrectal, y, de forma más amplia, un conjunto de cánceres asociados al sobrepeso. De hecho, una revisión presentada en ASCO en 2025 sugirió que los GLP-1 podrían reducir de forma modesta el riesgo de hasta 14 cánceres relacionados con la obesidad en personas con diabetes.
Los científicos proponen varios mecanismos posibles: parte del efecto se explicaría por la pérdida de peso, pero parte parecería independiente de ella, a través de la reducción de la inflamación y la modificación de vías biológicas que intervienen en el desarrollo de tumores.
Qué falta por demostrar
El gran matiz es que la mayoría de estos trabajos son estudios observacionales o retrospectivos: muestran una asociación, no una relación de causa y efecto. Es decir, por ahora no prueban que Ozempic o Wegovy prevengan el cáncer, sino que las personas que los usan presentan, en promedio, menos casos.
Los propios investigadores del estudio de mama advirtieron que sus datos no permiten concluir un efecto protector directo, y precisamente por eso se ha puesto en marcha un ensayo clínico para comprobarlo.
A esto se suma que el seguimiento de muchos estudios todavía es corto, en buena parte inferior a dos años. y que hacen falta investigaciones de largo plazo (de cinco años o más) para tener certeza.
La revisión de la mejor evidencia disponible de ensayos controlados aleatorizados, de hecho, apunta de momento a un efecto neutro: tranquiliza respecto a temores previos de que estos fármacos aumentaran el riesgo de cáncer, pero aún no confirma un beneficio protector.
Conviene recordar, además, el contexto regulatorio: la semaglutida conserva una advertencia por un riesgo observado en estudios con roedores sobre tumores de tiroides, y está contraindicada en personas con antecedentes personales o familiares de carcinoma medular de tiroides o del síndrome de neoplasia endocrina múltiple tipo 2.
Por todo ello, los expertos coinciden en que es demasiado pronto para recetar estos medicamentos como herramienta de prevención del cáncer. No están aprobados para ese uso, y cualquier decisión sobre su empleo debe tomarse con un médico.
Lo que sí abren estos hallazgos es una línea de investigación que los científicos consideran lo bastante sólida como para llevarla a ensayos clínicos diseñados específicamente para responder la pregunta de fondo.
