Santo Domingo.— “Casi dos generaciones de dominicanos han atravesado un sistema educativo cuyas brechas académicas y cívicas el propio país conocía desde hace años”, advirtió el presidente fundador del Frente Cívico y Social, Dr. Isaías Ramos, al reclamar una respuesta nacional frente al persistente rezago educativo.
Ramos afirmó que el problema dominicano no ha sido la ausencia de normas ni de diagnósticos, sino la falta de voluntad política, determinación institucional y continuidad para cumplir los fines educativos establecidos por la Ley General de Educación 66-97 y reforzados posteriormente por la Constitución.
“No faltaron leyes. No faltaron pruebas. No faltaron diagnósticos. Faltó convertir la educación y la formación ciudadana en una verdadera causa nacional”, expresó.
El dirigente cívico recordó que el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) ha mostrado reiteradamente graves dificultades en lectura, matemáticas y ciencias; que el Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana (ICCS) ha revelado profundas debilidades en competencias cívicas; y que las Pruebas Nacionales y la Encuesta de Cultura Democrática también han advertido sobre problemas persistentes en aprendizaje y cultura ciudadana.
Ramos reconoció los avances registrados entre PISA 2018 y 2022, pero señaló que en 2025 esos progresos no continuaron y el país volvió a mostrar estancamiento.
“Ya no hablamos solamente de rankings. Hablamos de casi dos generaciones que atravesaron el sistema mientras conocíamos las brechas que debían corregirse. ¿Quién responde por ellos? ¿Dónde está el gran programa nacional para fortalecer a quienes ya salieron de las aulas?”, cuestionó.
El presidente fundador del Frente Cívico y Social sostuvo que reincorporar la Educación Moral, Cívica y Ética Ciudadana es positivo, pero insuficiente.
“¿Cuántas veces tendremos que escribir la misma obligación antes de convertirla en conducta?”, preguntó.
Ramos propuso una Revolución Cívica que integre escuela, familia, iglesias, comunidad, empresa y Estado, y que convierta el cumplimiento, el mérito, el buen ejemplo y la responsabilidad en valores nacionales.
“Cada autoridad también educa. Cuando quien ejerce poder incumple una norma sin consecuencias, imparte una clase de educación cívica en sentido contrario. Todavía estamos a tiempo de corregir el rumbo, pero el tiempo no es infinito”, concluyó.
