Lo que mal nace, mal vive, peor muere



Ramón Vargas

Se acerca el final de la OEA, ¡Qué bueno!
¿Quién diría que el excanciller del Frente Amplio en el gobierno de Pepe Mujica se convertiría en un transfuga que, consumiendo quesos holandeses y vinos franceses en las borracheras de Washington; traicionara de tal manera los intereses de los pueblos latinoamericanos, sirviendo vulgarmente la política imperial de la potencia del Norte?

Su predecesor, el chileno José Miguel Insurza Salinas, a quien Hugo Chávez llamó el traidor insulzo, resulta un ultra‐radical de izquierda en relación al ultra‐traidor Almagro. Con la salida de Nicaragua ya son tres los países que salen de ese demoníaco engendro.

En estos tiempos donde el unilateralismo está en crisis, una organización creada con fines de dominación hegemónica no tiene razón de ser, aunque sus creadores tengan sus razones en querer mantener.

Creada en el 1948 con el único objetivo de frenar el comunismo (en otras palabras, para servir a los intereses imperiales de Washington), en un mundo donde los cambios se están produciendo con rapidez y de manera irreversible, la OEA, como instrumento de un imperio que agoniza, se irá a la tumba con él.

El decaro de Almagro y la OEA ha llegado al colmo de ser aupiciadora de golpes de estado (Bolivia) y protectora de delincuentes (Juan Orlando Hernández), en su despreciable servilismo en favor de los grupos ultra-derechistas de Washington, Bogotá, Miami y Madrid. La crisis de la OEA es de tal magnitud que no sólo se expresa en los países renunciantes; solo basta escuchar las palabras de Andrés Manuel López Obrador (presidente de México y uno de los tres pesos pesados del Continente), cuando dijo: «los tiempos han cambiado, hay que trasformar la OEA por un organismo verdaderamente independiente autónomo para el siglo XXI; no necesitamos un instrumento creado para la Guerra Fría». Como se puede ver, la crisis que padece y la falta de confianza tiene a esa organización en estado comatoso.

El presidente de Bolivia, Luis Arce, la acusa y ha presentado pruebas de la implicación de Almagro en el golpe contra Evo Morales. Como era de esperarse, esa acusación no ha tenido mayor trascendencia porque un malhechor no se incrimina asimismo.

Tan débil y desacreditada está la OEA y Almagro que el gobierno de Nicaragua, por boca de su canciller, Denis Moncada, no sólo anuncia la salida sino que cierran la oficina y declaran sus propiedades de utilidad pública.

Si ocurre lo que todas las encuestas predicen y en Colombia y Brasil ganan Petro y Lula, ese será el último clavo en el ataúd que enterrará a la OEA y Almagro. Especialmente Colombia que, como ya sabemos, actúa como el perro doberman de Estados Unidos en la región.

Todo indica que será la Comunidad de Estados Latinoamericanos‐ CELAC‐, la organización en la que los países de América Latina tendrán un espacio real y verdadero, para la defensa de sus intereses. Esa organización, de vocación independiente e integradora, se proyecta como un instrumento para un mundo que marcha de manera indetenible hacia la multilateralidad.

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