OJALÁ NO SE REPITA LA HISTORIA



Juan Pablo Lira B.

Días atrás, reflexionando con mis alumnos en la Universidad, recordábamos la tan manida frase referida a que pueblo que no conoce su historia vuelve a repetirla.

Y ello, a propósito de las varias guerras que se desarrollan en África; la creciente violencia delincuencial y perdida de la seguridad en Latinoamérica por el narcotráfico y la creciente pobreza; la invasión expansionista de Rusia a Ucrania; la masacre del pueblo Palestino por parte de Israel; el reemplazo de la guerra fría (capitalismo/comunismo) por una candente guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Debiendo además sumarse el cuadro político del viejo continente y de algunos países de Latinoamérica, en los que las fuerzas retrogradas se han impuesto en las urnas.

De allí, que el triunfo laborista de Inglaterra es esperanzador, al igual que el del Frente Popular en Francia.

¿Y Uds. se preguntarán, y que tiene de inconveniente si es el resultado de un proceso democrático?

He aquí uno de los “nudos” de esta ecuación, porque la democracia no empieza ni termina en el ejercicio del voto. Hagamos historia, y verán que Hitler fue electo.

Mussolini fue nombrado jefe de Gobierno por el Rey Víctor II, el portugués Oliveira Salazar fue nombrado primer ministro. No asi Franco en España, quien se hace del poder con un golpe de estado.

Pero todos ellos compartían ideologías autoritarias.
Entre 1900 y 1930, el mundo sufre cambios geopolíticos relevantes.

Abdica el Zar de Rusia; triunfa la revolución bolchevique; cae la dinastía Quing en China, se desata una guerra civil y en 1949 triunfa el partido Comunista; los Balcanes se agitan intensamente; deja de existir el Imperio Turco Otomano; se produce la Primera Guerra Mundial (1914 y 1918); se firma el Tratado de Versalles (1919) que impone sanciones pecuniarias y territoriales a Alemania; se desploma la economía en 1929 con la Gran Depresión al quebrar la Bolsa de Nueva York; se crea y fracasa la Sociedad de las Naciones, porque las grandes potencias asi lo deciden.

Todo ello, es caldo de cultivo para el reavivamiento de los nacionalismos en Europa, que desemboca en la Segunda Guerra Mundial, cuando la Alemania nacionalsocialista invade Polonia en 1939.

¿Qué pudo ocurrir con el culto pueblo alemán, para que democráticamente eligiera a Hitler como su Canciller en 1933?.

La respuesta sin ser simple, la encontramos en el devenir internacional, en la crisis económica y en el hostigamiento constante a sus países vecinos.

Hoy, muchos lideres políticos sugieren la idea de que la guerra es inevitable para defender los valores de la civilización occidental. Sin que nadie se cuestione cuáles son dichos valores.

Todo esto con un tono de normalidad que trivializa los 80 millones de muertos en las dos guerras mundiales a los que se deben sumar los de Corea, Vietnam, Indonesia, Centroamérica, Argelia, Angola, Mozambique, Irak, Afganistán, Libia, Siria, Yemen, Sudán y ahora Palestina.

De allí que sorprenda que la amenaza nuclear, que durante décadas fue el gran elemento disuasorio por la catástrofe que implicaría, empiece a verse como una posibilidad realista.

Todo esto nos lleva a advertir que la Tercera Guerra Mundial podría estar a la vuelta de la esquina.

Para evitarla y dar esperanza a quienes tienen miedo de ella, es necesario infundir temor a quienes la promueven. El movimiento pacifista, es un signo de esperanza, pero no basta.

El nacionalismo xenófobo, racista y antimigratorio, en Europa y Latinoamérica, nos muestra que la historia se olvida con facilidad, por lo que debemos presionar para que nuestros gobiernos denuncien esta demencia y no se involucren en esta pugna por la hegemonía mundial.

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