Derrumbe mantiene represado río Quinigua en Palo Quemado



Aproximadamente a las 11 de la noche del pasado jueves, el estruendo de un deslizamiento de tierra sobre el río Quinigua despertó a la comunidad de Palo Quemado, ubicada en una zona montañosa el norte del Santiago.

El derrumbe mantiene represado un gran tramo del cauce del afluente, despertando la preocupación en los comunitarios, quienes temen que, si el agua baja abruptamente, podría inundar decenas de viviendas que se encuentran loma abajo y a orillas del río, en la localidad de Gurabo.

“Cuando se derrumbó eso se sintió como un temblor, pero nosotros sabíamos ya, porque hace días que eso se estaba por derrumbar por las lluvias”, dicen los moradores del lugar.

En el deslizamiento de tierra tumbó varios árboles a su paso, y represó el río de tal manera que muchos de los otros árboles que quedaron parados, estaban cubiertos de agua hasta la copa.

Asimismo, hizo perder el camino trazado que daba a la montaña después de cruzar el río, donde residentes de la zona tienen plantaciones agrícolas y animales.

Miguel Andrés Mencía, conocido como Miguelito, tuvo que mover unos chivos que tenía en su corral a orillas del río, porque estaba ahogándose. 

Ayer, el cúmulo de agua había disminuido considerablemente, sin embargo, las marcas de agua en los troncos de los arbolas y las sogas que los comunitarios colgaron, evidenciaban la altura a la que el agua llegó.

Los comunitarios expresaron que las autoridades habían informado que enviarían equipos pesados para mover los escombros. Sin embargo, los mismos moradores entendieron que no era conveniente, ya que, por la profundidad de la represa, y la inestabilidad del terreno ante la amenaza de la continuidad de las lluvias, esto representaría poner en peligro la vida de quien maneje el artefacto.

“Si meten esa máquina ahí, ese terreno puede seguir derramándose porque va a seguir lloviendo, y eso puede provocar una tragedia, además, eso está súper hondo, tú te entras en el río parado y nadas hacia abajo y no llegas al fondo”, indicó Miguelito.

La preocupación se sigue expandiendo en esta zona, sobre todo por las personas que viven río abajo y en las orillas del afluente, en comunidades de Gurabo, por donde pasa el río Quinigua, que, dicho sea de paso, históricamente ha provocado desastres e inundaciones en temporadas de lluvias anteriores.

Esta zona de la comunidad de Palo Quemado, que da acceso al río, se encuentra en el kilómetro 13 de la carretera de Gurabo que conecta con la Cumbre, a la derecha, un estrecho camino que comienza con menos de un metro en cemento y luego de tierra y piedras, aproximadamente un kilómetro y medio hacia abajo.

Este pequeño sector está conformada por unas cinco o seis familias, entre las que se encuentran al menos cuatro niños pequeños. Las viviendas están dispersas entre la loma y las orillas de una peña, que bajando da al río.

Este río representa la única fuente de agua de estas familias, quienes dependen de el para lavar, limpiar, e incluso bañarse, si fuera necesario. La familia de doña Rosa Catalina Carela, conocida como Yeya, quienes llevan más de 28 años residiendo en esta zona, conectan una bomba de agua desde el rio, con tubos y sogas hasta la parte alta donde se encuentra la casa, cuyo patio termina justo en la peña que lleva al precipicio del afluente.

Allí nunca han llegado los servicios de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago (CORAASAN) ni del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI). Tampoco los camiones que venden agua, pueden acceder hasta esta zona de Palo Quemado, por el mal estado del camino.

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