La requisa policial



La ciudadanía espera liderazgo, reformas y decisiones capaces de fortalecer la profesionalización policial. No basta con reconocer las deficiencias

Marino Beriguete

Vi este fin de semana a un conductor circular por la carretera del Este como cualquiera, un agente le ordenó detenerse, sin una explicación clara, y sin un representante judicial comenzó una revisión del vehículo. Me imaginé que no existía una conducta sospechosa, que no hay una denuncia previa ni una circunstancia excepcional. Solo la decisión unilateral de quien lleva el uniforme.

La seguridad pública necesita controles, pero también necesita límites. Cuando una requisa se practica sin una causa razonable, deja de percibirse como una medida preventiva y empieza a entenderse como una demostración de poder. Los ciudadanos sienten que sus derechos dependen del estado de ánimo de quien los detiene y no de las normas que regulan la actuación policial.

En este país hay numerosos agentes preparados, responsables y conscientes de la importancia de su función. Sería injusto ignorar ese esfuerzo. Sin embargo, también existen miembros del cuerpo cuya falta de formación afecta la relación entre la policía y la sociedad. El problema no se reduce a errores individuales. Cuando determinados comportamientos se repiten, la responsabilidad alcanza a quienes dirigen la institución y a quienes permiten que determinadas prácticas continúen sin corrección.

Por eso resulta inevitable dirigir la mirada hacia las autoridades encargadas de la seguridad pública. La ciudadanía espera liderazgo, reformas y decisiones capaces de fortalecer la profesionalización policial. No basta con reconocer las deficiencias; es necesario corregirlas. Cada abuso que queda sin respuesta erosiona la confianza en las instituciones y alimenta la sensación de impunidad.

En este punto aparece en mi mente un paralelismo con la Rebelión en la granja, la obra de George Orwell. En la novela, los animales se rebelan contra un sistema injusto con la esperanza de construir uno más equitativo. Con el tiempo, quienes asumen el control reproducen conductas que habían prometido eliminar. Las normas dejan de servir al conjunto y comienzan a adaptarse a los intereses de unos pocos.

La comparación no pretende equiparar realidades distintas, sino advertir sobre un riesgo permanente: cuando una autoridad actúa sin control efectivo, termina alejándose de la misión para la que fue creada. La policía está llamada a proteger a los ciudadanos, no a colocarlos bajo sospecha por simple costumbre.

Demuéstrame que estoy equivocado.

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