Marino Beriguete
Toda feria del libro que aspire a dejar una huella perdurable en la vida cultural de una nación debe preguntarse qué voces representan con mayor dignidad su tradición intelectual y qué autores merecen convertirse en referentes para las nuevas generaciones. No se trata únicamente de reconocer trayectorias literarias sobresalientes ni de rendir homenaje a figuras admiradas por sus contemporáneos. Se trata, sobre todo, de identificar a aquellos escritores cuya obra ha enriquecido la sensibilidad colectiva, ampliado los horizontes del pensamiento y contribuido a fortalecer el prestigio cultural de su país. Desde esa perspectiva, la Feria Internacional del Libro 2026 encontraría una justificación plenamente legítima si llevara el nombre de Soledad Álvarez o de José Mármol, dos de las figuras más relevantes de la literatura dominicana contemporánea.
La literatura dominicana cuenta con numerosos autores de mérito indiscutible. Sin embargo, no todos han conseguido construir una obra capaz de dialogar con su tiempo y, al mismo tiempo, proyectarse más allá de las circunstancias históricas que la vieron nacer. Esa capacidad de permanencia distingue a los verdaderos creadores. Soledad Álvarez y José Mármol pertenecen a ese grupo de escritores cuya producción literaria ha alcanzado una madurez excepcional y cuya influencia trasciende los límites de la creación individual para convertirse en patrimonio cultural de la nación.
Soledad Álvarez ha desarrollado una de las voces más sólidas y personales de la poesía en la lengua castellana. Su escritura se caracteriza por una atención rigurosa a la experiencia humana, observada con una sensibilidad que evita el artificio y privilegia la autenticidad. En sus poemas aparecen la memoria, el paso del tiempo, los vínculos afectivos, la conciencia de la pérdida y la búsqueda constante de sentido. Son textos que revelan una profunda comprensión de la condición humana y una notable capacidad para transformar la experiencia cotidiana en materia de reflexión poética.
La importancia de Soledad Álvarez no se limita a su obra creativa. Durante décadas ha desempeñado un papel fundamental como ensayista, crítica y promotora cultural. Su participación en la vida intelectual dominicana ha contribuido a enriquecer el debate de las ideas y a fortalecer espacios de reflexión indispensables para toda sociedad democrática. Su trabajo ha estado guiado por una convicción permanente en favor de la cultura como instrumento de conocimiento y de formación ciudadana. Los reconocimientos obtenidos dentro y fuera del país no hacen más que confirmar el lugar destacado que ocupa en el panorama literario hispanoamericano.
José Mármol, por su parte, ha construido una obra poética de notable profundidad intelectual. Sus libros exploran cuestiones esenciales relacionadas con la existencia humana, el tiempo, la conciencia, la historia y los límites del conocimiento. Se trata de una poesía que exige atención, que invita al lector a participar activamente en la construcción del significado y que encuentra en la reflexión una de sus mayores fortalezas. Su escritura demuestra que la poesía puede ser también un espacio privilegiado para el pensamiento y para la interrogación crítica de la realidad.
A esta labor creadora se suma una extensa trayectoria como ensayista, gestor cultural y defensor de los valores humanísticos. José Mármol ha contribuido de manera constante al fortalecimiento de la vida intelectual dominicana mediante la promoción de la lectura, el estudio de la literatura y el diálogo entre distintas áreas del saber. Su presencia en foros académicos y culturales ha enriquecido las discusiones sobre el papel de la cultura en la sociedad contemporánea y ha ayudado a consolidar una visión exigente de la creación literaria.
La elección de cualquiera de estos dos escritores para dar nombre a la Feria Internacional del Libro 2026 tendría un profundo significado cultural. Ambos representan dimensiones complementarias de la poesía contemporánea. En Soledad Álvarez encontramos una mirada que se acerca a la experiencia humana desde la sensibilidad, la memoria y la observación de la vida cotidiana. En José Mármol hallamos una voz que examina las grandes cuestiones del pensamiento desde una perspectiva filosófica y crítica. Lejos de excluirse, estas diferencias enriquecen el panorama de nuestras letras y ponen de manifiesto la diversidad de caminos que puede recorrer la creación poética.
Dedicar la principal fiesta del libro dominicano a uno de ellos significaría reconocer la excelencia como un valor esencial de la cultura. También sería una manera de recordar que las sociedades necesitan referentes intelectuales capaces de inspirar a las nuevas generaciones y de demostrar que el trabajo con la palabra continúa siendo una de las expresiones más elevadas de la creatividad humana. En tiempos marcados por la velocidad de la información, la simplificación del debate público y la fugacidad de las tendencias, resulta especialmente importante destacar a quienes han dedicado su vida al ejercicio riguroso del pensamiento y de la creación artística.
La República Dominicana posee en Soledad Álvarez y José Mármol dos autores que han alcanzado los más altos reconocimientos de nuestras letras, entre ellos el Premio Nacional de Literatura, y el premio Casa de América de poesía americana y cuya obra ha sido distinguida también en importantes escenarios internacionales. Ambos han contribuido a prestigiar la lengua española y a proyectar la literatura dominicana más allá de nuestras fronteras.
Por esa razón, reconocer a cualquiera de ellos en la Feria Internacional del Libro no sería únicamente un homenaje personal. Sería una declaración de confianza en la literatura, en la cultura y en la capacidad de los escritores para contribuir a la formación de ciudadanos más conscientes, más libres y más comprometidos con el conocimiento. Esa ha sido siempre una de las misiones esenciales de toda gran feria del libro.
Ojalá el Ministerio de Cultura considere esta propuesta. Los reconocimientos más valiosos son aquellos que llegan cuando los creadores se encuentran todavía en plena actividad intelectual y pueden compartir con la sociedad el fruto de su trabajo. Honrar en vida a Soledad Álvarez o a José Mármol significaría reconocer una obra ya consolidada y, al mismo tiempo, afirmar una visión de país que entiende la cultura como uno de los pilares fundamentales de su desarrollo. La Feria Internacional del Libro 2026 tendría así la oportunidad de rendir tributo a dos escritores que han engrandecido las letras dominicanas y cuyo legado continuará acompañando a las futuras generaciones de lectores.
Demuéstrame lo contrario…
