Sofisma y victimismo en el maniqueísmo reductor de la democracia



Por Cándido Mercedes

“Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa”. (Demócrates).

La partitocracia nuestra suele ser grande en las cosas pequeñas y pequeña en las cosas grandes. Ninguna aborda la visión del futuro y eclipsan a este en el tiempo, como que no devendrá. Juegan a una dicotomía engañosa: la trampa, la encerrona entre ayer y hoy, entre el pasado y el presente, sin tomar el contexto, la realidad, los matices y la historia como fuente del cambio.

En nuestra sociedad los principales hacedores y propulsores de la crisis de confianza deberían ser los llamados a defender y mejorar el sistema de partidos: los actores políticos. Utilizan los sofismas como parte de su vida cotidiana. Se atrincheran en la falacia lógica de la equivalencia. Acuden de manera sempiterna a los argumentos y razonamientos falsos.

Mienten, trastocan la falsía en su agua perenne para esconder la realidad. Oscilan entre la dermis y la epidermis como sinónimo para esconder la realidad real, donde su exposición y visibilidad “aparece” como válida y lógica.
Difuminan la forma y el contenido para deliberadamente engañar. Los actores políticos son en Dominicana la encarnación de “Jalisco”, sus relatos cargados de ideologización y por lo tanto sin datos.

Son los paladines de la manipulación, de la desinformación, del arrebato permanente, de la invención; simplemente revestido de una mera apariencia que en esencia es argucia, falseamiento y confusión. Se presentan siempre como víctimas cuando el soporte medular son los victimadores, caracterizados con el complejo de víctimas.

¿Quién ha dicho que reducir el dinero público a los partidos políticos, de manera coyuntural, signifique poner en riesgo la democracia y la competencia electoral? Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo, pareja, Premio Nobel de Economía, en su libro Buena Economía para tiempo difíciles, acunan “Como economistas, hemos aprendido a hacer mejor, que es ser obstinados con los datos, escépticos con las respuestas manidas y las panaceas, molestas y honestas…”.

Sencillamente, los relatos sin los datos conducen inexorablemente a la ideologización, que deriva mayormente en la banalización y la trivialización.

En el presupuesto general de 2026 hay 24 instituciones del Estado que están amparadas por leyes, donde quedan consignadas con un porcentaje fijo del mismo para todos los años. Cabe destacar que los partidos políticos son los que menos reducción tienen. Veamos:

Si el Poder Ejecutivo va a llevar al Congreso la reformulación del presupuesto para julio, suponiendo que sea así, solamente quedarían cuatro meses del año. Mientras tanto, los partidos habrán recibido las tres cuartas partes de lo postulado para el 2026 en la Ley 99-25. Ahora bien, ¿alguien se ha preguntado si esa decisión del Ejecutivo es para modificar la Ley 20-23 para todo el tiempo?

Si fuera así, los partidos podrían abogar por los “derechos adquiridos” desde 1998, donde les hemos entregado RD$28,712.43 a lo largo de 28 años, sin equidad ni transparencia ni competencia.

Antes de 1998, el sistema de partidos era más sólido, había más participación de la ciudadanía. Existía mayor interés de los ciudadanos en la política. Ahora, Gallup/Diario Libre, trae el siguiente dato: Solo el 43% es miembro o dirigente de los partidos. Antes, el 70% éramos miembros y militantes, y una simpatía cuasi activa.

Cuando los partidos políticos no recibían dinero público, alrededor del 72% íbamos a las urnas. En el 2024 y en el 2020, recibiendo los partidos el 47% de todo el dinero de los 28 años, las abstenciones fueron de 42 y 48%, respectivamente.
Pero hay más, en 1978, con todo el poder del Estado, con todo el dinero, con Joaquín Balaguer, el Partido Reformista perdió las elecciones. En el 2004 el PRD, estando en el poder, perdió las elecciones.

Hipólito Mejía obtuvo un 33% en el poder. Sin embargo, ocho años después el pueblo dominicano lo reivindicaría con un 47%. En el 2020, el entonces Presidente Danilo Medina, parafraseándolo, esbozaría “Que estas elecciones (del 2020), habían sido las más costosas”. El PLD perdió.

Organizaciones tan prestigiosas como V-Dem, con su Democracy Report; Freedom in The Work 2026, de Freedom House y el EIU de Democracy Index de The Economic, que tienen indicadores acerca de la calidad democrática, no abordan ni por un instante el dinero como fuente de estabilidad democrática o amenaza a la democracia o riesgo de la democracia, por “la reducción coyuntural o circunstancial en un año especial de la crisis mundial”.

Esas instituciones, tienen 60,165 indicadores postulan para la calidad democrática, en 174 países, entre otras cosas: participación, la representación, cumplimiento de la ley, rendición de cuentas, transparencia, los partidos políticos y su democracia interna, pluralismo, el índice de votación en las elecciones, grado de corrupción en los procesos.

Las abstenciones tan significativas en las elecciones del 2020 y 2024 ponen de relieve el grado de desafección hacia los partidos políticos, nos reflejan los niveles de desencanto, de abulia, de apatía y la crisis de representación de los actores políticos. La partitocracia hizo de la política un negocio. Hoy, un candidato a Diputado “gasta” hasta RD$50 millones de pesos. Un candidato a Senador reconoció que había gastado RD$200 millones. Un regidor en el Gran Santo Domingo y Santiago “invierte” entre RD$10 a RD$20 millones, solo para ocupar esa importante posición del poder local.

Por eso vemos tantos dueños de bancas de apuestas incursionando en la política, sin vocación ni preparación, pues la política es arte y ciencia.
Ello hace que la política, en tanto negocio, se haya mercantilizado y nuestra democracia se transformara en una plutocracia, erigida desde la misma cúpula de los partidos.

Hemos pensado en cuasi un axioma, a más partidos políticos en una sociedad más gente vive de la política y menos grado de institucionalidad tiene ese país y menos niveles de rigurosidad en la Administración Pública, donde se pueda acceder a una burocracia de Estado, a una profesionalidad de la misma.
Hay un maniqueísmo cierto en correlacionar reducción del presupuesto a los partidos con el riesgo a la democracia. Nada más lejos de las evidencias empíricas y de la historia contemporánea.

Los partidos políticos son las instituciones para llegar al poder del estado, empero, hoy en día hay una verdadera descentralización en la construcción de la calidad de la democracia.

Los medios de comunicación, las iglesias, las universidades, la participación activa de la ciudadanía, sobre todo organizada, son el poder social que, de manera inexcusable, acelera realmente la democracia y no el poder del dinero per se. La gobernanza y la gobernabilidad solo son posibles con un ejercicio consciente del poder. Amado Nervo señaló con mucha propiedad “La conciencia del ridículo suele ser más molesta que la conciencia del pecado”.

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