El estudio que vuelve a poner bajo la lupa algunos conservantes alimentarios



El estudio que vuelve a poner bajo la lupa algunos conservantes alimentarios

Un amplio estudio realizado por investigadores franceses ha reavivado el debate sobre la seguridad de algunos aditivos utilizados en la industria alimentaria. Los hallazgos, basados en el seguimiento de más de 100.000 personas durante varios años, sugieren que ciertos conservantes y colorantes presentes en alimentos ultraprocesados podrían estar asociados con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer.

No obstante, los propios investigadores y expertos consultados insisten en que estos resultados no demuestran que los aditivos sean la causa directa de estas enfermedades, sino que muestran una asociación que deberá ser confirmada mediante nuevas investigaciones.

¿Qué encontró el estudio?

La investigación, desarrollada por científicos del Inserm, el INRAE, la Universidad Sorbona París Norte, la Universidad Paris Cité y el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios (Cnam), analizó los hábitos alimentarios de participantes de la cohorte NutriNet-Santé, uno de los estudios nutricionales más grandes de Europa.

Los investigadores evaluaron la exposición a colorantes y conservantes alimentarios a partir del consumo habitual de alimentos registrados por los participantes y compararon esa información con la aparición de diversas enfermedades a lo largo del tiempo.

En el caso de los conservantes, el estudio encontró que las personas con mayor consumo presentaban un 24 % más riesgo de desarrollar hipertensión arterial. Asimismo, se observó un 16 % más riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares cuando se trataba de determinados conservantes no antioxidantes.

Además, investigaciones previas realizadas con la misma cohorte también habían encontrado asociaciones entre estos conservantes y un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y cáncer.

Los investigadores aclaran que, aunque se ajustaron factores como edad, tabaquismo, actividad física, consumo de alcohol y calidad general de la dieta, este tipo de estudios no permite establecer una relación de causa y efecto.

¿Cuáles conservantes fueron analizados?

De los 58 conservantes identificados inicialmente en la alimentación de los participantes, los investigadores analizaron con detalle 17 de los más consumidos.

Entre los que mostraron las asociaciones más consistentes figura el sorbato de potasio (E202), relacionado con un incremento del 39 % en el riesgo de hipertensión arterial. También se identificó al ácido cítrico (E330), asociado con un aumento del 25 % en el riesgo de hipertensión, y al ácido ascórbico (E300), vinculado con un incremento del 15 % en el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Además de los conservantes, el equipo también estudió diversos colorantes alimentarios. Entre ellos, el betacaroteno (E160a) y el caramelo común (E150a) se asociaron con un mayor riesgo de cáncer, mientras que otros colorantes, como la curcumina (E100), las antocianinas (E163) y distintos caramelos, mostraron asociaciones con un mayor riesgo de diabetes tipo 2.

Los autores recuerdan que estos aditivos suelen encontrarse principalmente en alimentos ultraprocesados.

¿Qué dicen los expertos?

Los investigadores consideran que sus hallazgos justifican una revisión continua de la seguridad de determinados aditivos alimentarios por parte de las autoridades sanitarias, especialmente teniendo en cuenta el elevado consumo de productos ultraprocesados.

Sin embargo, también subrayan que los resultados deben interpretarse con cautela. Al tratarse de un estudio observacional, no puede afirmarse que los conservantes o colorantes sean los responsables directos del desarrollo de estas enfermedades.

Los expertos coinciden en que será necesario confirmar estas asociaciones mediante estudios adicionales y profundizar en los posibles mecanismos biológicos involucrados.

Finamente, recomiendan priorizar una alimentación basada en alimentos frescos o mínimamente procesados y limitar el consumo de productos ultraprocesados, una medida que además contribuye a reducir la exposición a aditivos alimentarios no esenciales.

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