Una sociedad reactiva en todos los planos de la vida nacional



Por Cándido Mercedes

“Uno no planifica para fallar, se falla por no planificar o al fallar en prepararte, te preparas para fallar”. (Abraham Lincoln).

Para Stephen Covey el principio de la efectividad es el resultado del equilibrio de producción y la capacidad de producción. La producción es “los resultados deseados producidos”. La capacidad de producción es “mantener, preservar y mejorar los recursos que producen los resultados deseados. Como sociedad, desde la perspectiva societal, no se asume el principio de la efectividad y ello nos lleva a tener, todavía en la tercera década del Siglo XXI, un déficit enorme en la necesidad de desarrollar la cultura de la proactividad.

Somos una sociedad medularmente reactiva, no nos gusta planificar, miramos el pasado como un tiempo y el presente, meramente como lo que está sucediendo. No nos colocamos como sujeto que tiene la capacidad de hilvanar el presente en una perspectiva conjugada de futuro y visualizar la temporalidad, para situarnos en cada uno como protagonistas, en el escenario de los cambios que ellos traen en sí, porque la historia es cambio.
Una sociedad reactiva es aquella que su conducta, acción y decisión se realiza cuando el hecho o el fenómeno ya está ahí; cuando reaccionamos por instinto, no con inteligencia (lucidez de la razón).

Cuando sabemos que un día el lobo vendrá, que es inevitable, empero, no hacemos nada para neutralizar o mitigar los efectos de la llegada del lobo, del huracán o de las lluvias, ni creamos dimensiones para encontrar las oportunidades en medio de las adversidades.
Somos una sociedad que no mira los costos de la inercia. Tomamos decisiones cuando las crisis se presentan: política, económica, social, institucional. Ponemos candado después que nos roban. Vamos al odontólogo cuando las piezas están dañadas.

Una parte significativa de los hombres acudimos al médico, sobre todo los que tenemos más de 50 años, cuando la enfermedad del cáncer de la próstata ya pasó de crónica y el cuerpo hablaba hace mucho tiempo.

En el plano societal sabemos, por diagnósticos bien elaborados, lo que tenemos que hacer como país, cuáles son las reformas estructurales que tenemos que acometer desde hace más de 20 años y no se hacen. La imaginación ha estado ausente, pues ella es la “capacidad de visualizar más allá de la experiencia y la realidad presente”.
El reactivo se pasa la vida culpando a otro, busca pretextos en los factores externos y se mueve en el círculo de preocupación. ¿Cuáles son ejemplos visibles de que somos una sociedad reactiva? Veamos:

1) 14 años discutiendo el Código Laboral. Los 8 años de Danilo Medina y los 6 de Luis Abinader. Ambos presidentes pedían que sindicalistas y empleadores se pusieran de acuerdo y el Estado, ausente, como un ente “neutral”, sin entender el ritmo del futuro de la empleabilidad, del rol de la tecnología en el trabajo y de la temporalidad y rotación del empleo, de los nuevas estructuras organizacionales y nuevos procesos, de la naturaleza de la IA en el trabajo.

2) El Código Penal, desde 1962 estamos oyendo de la necesidad de su cambio, que viene del 1810 de Francia, e instalado aquí en 1884, esto es 216 años y 142, respectivamente. Se introdujo cuando Jorge Blanco, cuando Hipólito Mejía, cuando Leonel Fernández, cuando Danilo Medina y ahora con Luis Abinader. ¿Por qué hemos llegado hasta aquí 142 años después? Porque la clase dominante nuestra no le interesaba y los actores políticos, reproductores del eco, no han comprendido que el Código Penal, en una sociedad con un Estado de Derecho, es lo más esencial para que no prevalezca la barbarie y para que la Justicia, como un poder del Estado, pueda ejercer su rol punitivo, que prevenga y controle el comportamiento desviado. Un Código Penal ha de estar siempre en un estado de gestación, pues la realidad cambia, los delitos se reconfiguran, se “modernizan” y hay que dar respuestas a esas “creaciones e innovaciones”, de aquellos que persisten en las perversiones y desviaciones, de aquellos que pretenden vivir fuera del alcance de las reglas y del control.

3) La ausencia de un Código Penal es la respuesta grafica de la debilidad institucional, que se conjuga como soporte con el imperio de la ley y de cómo actores claves del proceso no juegan su papel con la responsabilidad, con el compromiso, con la conciencia y voluntad propia. Después de la Constitución, que establece los derechos fundamentales y las bases constitutivas del Estado, el Código Penal es el baluarte de la convivencia en una sociedad, de la manera como se gestionan los conflictos en el seno de una formación social determinada. El Código Penal, a la luz de la sociología criminal, establece el alcance jurídico-político del Estado, con las relaciones interpersonales y con los delitos y desviaciones que pueden ocurrir y el grado y nivel de operatividad que se encierran para la búsqueda de soluciones.

4) La Justicia atrapada y un Código Penal que fue aprobado en julio del 2025 y promulgado el 3 de agosto del referido año. Se le otorgó un año de “vacaciones” para entrar en vigencia con la visión de corregir, enmendar, mejorar. ¡Un año! Es faltando un mes que una parte de la sociedad reacciona ¿Cómo se llama eso? Una sociedad reactiva que toma el tiempo como si este no fuera a llegar, dejando todo para último minuto, cuando no, pidiendo posposición frente a algo que tiene 20 años en el Congreso.

5) La Reforma Fiscal Integral, contemplada en la Estrategia Nacional de Desarrollo como parte de los tres Pactos, consignada en el Capítulo X, Artículo 36. Para el 2026 la presión tributaria debió estar en 21, que es el promedio de la región. Actualmente nos encontramos en un 15% del PIB y el gasto del gobierno representa entre 18-19% del PIB. Esa diferencia “se cubre” con deudas. Estamos cayendo cuasi en lo que se denomina trampa de la deuda. Hoy pagamos solo de intereses de la deuda RD$326,000 millones de pesos, equivalentes al 3.6% del PIB. Después de la inversión en educación este es el mayor gasto del país. De cada RD$100 pesos que recauda la economía, la deuda nos desangra con RD$25 de erogación.

6) Mientras en Costa Rica el consumo de energía es 95 a 99% alternativa al combustible, en España cercano al 50%, en nuestro país apenas alcanza un 25%, teniendo que importar más de US$5,000 millones de dólares, representando el 16% de las importaciones totales, que fueron US$29,862 millones de dólares (año 2025). Pero, ¿por qué hemos sido tan reactivos? Porque como nos dijera Max Depree “La primera responsabilidad de un líder es definir la realidad”. Enfrentarla y pensar en la historia, que es cambio permanente.

No es el ego personal, los intereses personales, los intereses particulares, los intereses corporativos. Es vivir el presente con el sueño y la visión prolongada en el futuro, vivir hoy con la imagen mental del futuro, atendiendo la llamada furtiva de lo visible, empero, como rayos incandescentes. Tan sensible que aun después de muerto vive eternamente mirando a los nietos, biznietos en el regocijo de su presente, en una esperanza cargada de pasión, que es la confluencia de los esfuerzos planeados, en los logros de los sueños redimidos.

¿Por qué somos una sociedad cargada de tensiones, de anomia social y a veces de pánico moral? Porque alguien dijo una vez que “casi todos los conflictos son el resultado de expectativas incumplidas”. Con una paz social aparente y una democracia categorizada como defectuosa. Todo ello es dable porque no hemos resueltos los alcances estructurales, que yugulen la inequidad e iniquidad que nos impiden alinear el crecimiento de la economía con la inclusión y la necesaria cohesión social. La posposición de las reformas anida e incuba, permanentemente, el grado de conflictividad que existe en el vientre de la sociedad dominicana.

Pero, ¿qué ocurre? Que ni la elite empresarial tiene conciencia de su rol en una sociedad de mercado, capitalista y han asumido que su papel es meramente corporativista, no comprenden la responsabilidad social, la ética, que son las más llamadas a perder cuando una intensa tensión social se desborde. La confianza en Dominicana se encuentra entre un 13 – 15%. Ya decía Benjamín Disraeli “El poder siempre tiene una base de confianza, y nosotros somos responsables de su ejercicio”.

¿Qué es ser proactivo y por qué necesitamos ser más proactivos en la sociedad dominicana? La proactividad es el alcance del vuelo de las mariposas, del águila, que otea en el horizonte, mirando la tierra que es el presente y flotando en el aire que es el futuro. La proactividad es accionar en el círculo de la influencia, en la comprensión cabal de los distintos actores involucrados, en cada contexto y circunstancia. No activan en el círculo de la preocupación. No se adaptan ni acomodan, empujan en el sentido exacto de las agujas del reloj.

La proactividad es visualizar con anticipación, mirar más allá de la curva. Ser proactivo es conducirse de la mejor manera, tomando en cuenta los intereses de todos los actores. La proactividad es asumir el futuro hoy. Definiendo donde estamos y a dónde queremos ir. La proactividad es saber articular de manera holística las prioridades, jerarquías, procesos que convergen en una sociedad para, con indicadores facticos, empíricos, medir el alcance de nuestras decisiones. Es el comportamiento, la conducta anticipatoria. Constituye un aprendizaje permanente, continuo, en un proceso de desaprender.

Los actores políticos principales, desde 1996 a la fecha, en la dirección del Estado no han sido proactivos. Aquí los presidentes han tenido su agenda personal. Ni siquiera los programas que esbozan los cumplen. No ha habido un proyecto de nación ni continuidad de Estado. La proactividad es alinear con antelación planificación estratégica, objetivos generales, objetivos específicos, metas, indicadores, medición, evaluación, retroalimentación. La proactividad es el marco de la inteligencia en acción, ya que a toda creación física precede la creación mental. La proactividad ruptura la inmediatez de las redes.

La proactividad es la definición de la realidad real, con visión, ella trae consigo la alternabilidad de las elites. En una democracia la pesadez del personalismo ahuyenta la creatividad y la innovación. Desarticula el paternalismo y el clientelismo feroz. Así como ser reactivos adormece la democracia y nos impide vigilar como ejerce el poder, de ver la transparencia, la rendición de cuentas. La proactividad conduce a ser indomables frente a lo incorrecto, frente a la opacidad, de cara al imperio de la ley y la efectividad gubernamental.

La proactividad es «la capacidad de anticiparse a problemas, necesidades cambios futuros para actuar antes que el hecho o fenómeno se produzca» o la actitud de tomar el control, anticiparse a los problemas y asumir responsabilidad de hacer que las cosas sucedan en lugar de solo reaccionar. Las palabras claves de la proactividad son anticiparse, Iniciativa y responsabilidad. Las personas proactivas no dan excusas, expresan resultados de manera consistente y coherente, generando una verdadera confianza.

La actitud reactiva se queda en el síndrome de la mujer del César. La actitud proactiva, que se maneja en su círculo de influencia y lo expande en función de los objetivos societales, es tener una mirada de diafanidad, de claridad, de nitidez, de limpidez. La proactividad es ir más allá del espíritu de la iniciativa para trascender la responsabilidad. Desprecia las excusas. La reactividad cobra cuerpo en la penumbra, la proactividad en la luz de hoy y en las constelaciones de mañana. La proactividad es, como principal pincel, asumir la responsabilidad, generando la necesaria confianza porque esta es el cincel que nos relacionan a corto, mediano y largo plazo.

¡La proactividad es la envoltura que lleva consigo lo creíble, la credibilidad de cumplir las promesas y de generar acciones y decisiones (oportunidades), antes de que se conviertan en problemas!

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