Por Cándido Mercedes
“Si el artista solo copiase la naturaleza, el mejor artista sería el espejo”. (Anónimo).
Asistimos a un momento de crisis e incertidumbre en medio de un cambio epocal. Metamorfosis en la esfera de la geopolítica, de la geoeconomía, de la geoestrategia, de las profundas mutaciones climáticas y de la alta velocidad de la tecnología. Ruidos sin parangón, donde la mentira y la manipulación se instalan sin rubor y sin excusas, donde se erigen en un decir: ¡mañana será otro día!
Para que la operativización de las grandes transformaciones que asistimos se instrumentalizara sin concierto, arribó de nuevo al poder el más impresentable de los presidentes estadounidenses desde 1776, en medio del declive.
Ello ha dado lugar a la volatilidad y a la perplejidad en que hoy nos encontramos. Aun así, hoy, la humanidad vive mejor que ayer, que hace 100, 50, 30 años. Es la dialéctica de la naturaleza donde construcción y deconstrucción se equilibran en la destrucción creativa, para cimentar la transformación humana. Al transformar las adversidades y los obstáculos nos transformamos socialmente, históricamente. Es el desafío de ayer, de hoy y de mañana para la humanidad.
Hoy somos mejor, por más que los eclipses nos abrumen y nos expelen a la alegría emocional de verlos, aunque quedemos ciegos. Por ello, no buscamos a un hombre, como ya lo diría Homero, en su Ilíada “!Oh, amigos! Sed hombres, mostrad que tenéis un corazón pudoroso y avergonzaos de parecer cobardes en el duro combate. De los que sienten este temor, son más los que se salvan que los que mueren; los que huyen, ni gloria alcanzan ni entre sí se ayudan”. Son los seres humanos, como expresión de fuerzas sociales, que crean, motorizan y perciben los climas sociales, más allá del clima de la naturaleza, que escapan, los mitigan, neutralizan y rupturan.
Un clima social se genera por las acciones y decisiones de los hombres y mujeres, en un entorno determinado, en un grupo o colectivo determinado. El clima, dado su naturaleza subjetiva, es percibido y como tal, es una expresión del filtro paradigmático, de los intereses e ideología de cada uno de nosotros. Podemos crear tanto un clima social positivo como un clima negativo, más allá de la realidad real. A menudo no vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos nosotros.
El clima social es dinámico, coyuntural y enteramente perceptivo. Son sensaciones que penetran en el estado de ánimo de las personas y ello hace, dado el ambiente que genera el clima, que nuestras relaciones e interactuaciones sean más del bien vivir y del bien hacer, en el espacio de una loable convivencia, cooperación, solidaridad. Dicho de otra manera, cómo nos relacionamos, cuáles son las expectativas que tengo alrededor de mis congéneres, vale decir, el grado de confianza, de estabilidad en la relación, de la seguridad en que nos encontramos con los demás, con el ambiente.
El clima social se expresa en cómo nos sentimos como seres humanos en las relaciones con un grupo, con una organización, con una institución determinada.
En nuestra sociedad los hacedores de opinión pública, sobre todo los actores políticos, son creadores, de manera permanente, de un clima social negativo en cada época, y sucede que el clima social, para bien o para mal, afecta la conducta, el comportamiento de las personas, pues este influye denodadamente en nuestra motivación intrínseca y extrínseca y por lo tanto, nos crea una especie de diluvio ficcional que nos impide la eficiencia, la eficacia, la calidad y con ello, la competitividad, la productividad, vale decir, el verdadero rendimiento.
El plus que podemos dar desaparece porque el clima social negativo ahoga, ahuyenta la creatividad, la imaginación y nos sumerge en el pesimismo más atroz y visceral.
Un clima social negativo nos enferma como colectivo, como sociedad, nos inmoviliza, no nos hace ver el mañana con la renovación de la esperanza. El creador del clima social negativo solo apunta a dibujar el pasado, que ya no existe, con el presente y, por lo tanto, pierden el horizonte de la proactividad, de la resiliencia y de la empatía.
Aquí, hoy, creemos que las noticias tienen que ser negativas. Pongo el ejemplo de cientos de miles de dominicanos que se recrean y disfrutan por el Malecón. Nunca he visto un reportaje de ese interesante clima social. Sin embargo, estoy plenamente seguro que si dos hombres pelean, decenas de periodistas acuden a visibilizar aquella diferencia gestionada en la violencia: riña social, reforzando, sin saberlo, el clima negativo. Porque el clima social es de naturaleza subjetiva, empero, como la percepción, que puede ser verdadera o falsa, nos lleva a tomar decisiones sobre un terreno que no existe, que ha sido creado.
El liderazgo de los actores políticos, que no son mayoría, no obstante, parecería que su “peso” es tan significativo que entre el 80 y 90% de los invitados a los programas de los medios son los políticos, como si ellos fueran la cantera de las opiniones que generen un clima social positivo. Veamos lo que es la expresión de un clima social, cuasi tóxico, ríspido, a través del cristal de ADP, en su caracterización “del ablandamiento al poder”:
1) En el año lectivo 2025 – 2026 dijeron que se quedarían 400,000 alumnos sin escuelas.
2) El 11 de agosto del presente año, Eduardo Hidalgo, presidente de la ADP, dijo en una entrevista en el Listín Diario, que 474,000 alumnos se quedarían sin escuelas: 153,000 en el nivel inicial y 321,000 en otros niveles.
3) Más que convertirse en un verdadero veedor social, con credibilidad, utilizan la manipulación, la desinformación, la posverdad, como mecanismo de estrategias para imponerse a los gobiernos de turnos
4) Utilizan las mismas herramientas de pugnacidad, de exacerbación de la conflictividad como “armas de legitimidad”. Desde los años 1970 del siglo pasado, ha sido la constancia de un mundo de la Guerra Fría, que la realidad desmontó hace más de 347 años.
5) Un vaso medio vacío recurrentemente nos hace perder la objetividad y el equilibrio y el espíritu de la renovación con esperanza.
6) El salto cualitativo de la ADP y sus miembros, en los últimos 13 años, ha sido extraordinario, ciclópeo. Estaban en una escalera, en primerizo. Hoy, se encuentran en el piso 10.
Un clima social ora positivamente ora negativamente, difumina o fomenta las sanas relaciones. Coadyuva, de manera significativa, cuando es un clima positivo de cómo nos comunicamos desde una comunicación activa, empática, sinérgica. El tratamiento profesional en los distintos espacios de los actores involucrados, es inapelable, inexorable, pues todo clima, en sus diferentes dimensiones (positivo, negativo) nos lleva a una conducta, a un comportamiento cónsono con el ambiente creado. Verbigracia:
Alegría, relajación, ganas de seguir compartiendo, las horas si pasan rápido. Lo contrario: Ansiedad, angustia, estrés.
Si objetiváramos, desde el 2013, lo que ha significado positivamente la educación para el Ministerio y la ADP, encontramos:
1) En el 2011 – 2012 el 34% de los profesores tenía licenciatura. Solo un 25% tenía maestría. El sueldo promedio era de RD$25,668.00 y el sueldo base apenas de RD$8,972.63.
2) En el 2019 el 85% de los maestros tenía licenciatura y el 40% maestría. Los maestros de primaria ganaban RD$50,000.00 y los de secundaria: RD$58,610.00.
3) En el año que transcurre, 2026, el 100% de los maestros tiene licenciatura. Él 66% tiene maestría. El sueldo de los maestros oscila entre RD$55,000.00 y RD$70,000.00.
4) Los maestros son jubilados/pensionados con el 100% de su sueldo y el INABIE les otorga la cantidad de sueldos, según los años que duraron en la carrera docente.
5) La ADP es el único grupo ocupacional del estado dominicano que tiene un seguro médico para ellos: SEMMA.
6) Los estudiantes, desde el 2013, reciben alimentación, ropa, útiles (mochilas, cuadernos, lápices, bolígrafos, mascotas, libros físicos y digitales, transporte).
Auguramos que el próximo año dejemos atrás ese intenso atavismo social institucional, de cada año hablar de las falencias, ausencias y deterioros de los planteles y centros educativos. Eso no encaja con una sociedad cuya economía es la séptima de la región. Es inadmisible ver esa tristeza y esa vergüenza, inaceptable entre el tramo económico y el tramo social. Un buen clima social facilita de manera activa la cohesión social. En República Dominicana hay, si se quiere, una contradicción entre el clima social y la cohesión social desde una perspectiva científica y los factores que miden la cohesión social.
Por ejemplo, cuando medimos la cohesión social evaluamos la problemática de la pobreza y la desigualdad. En nuestra formación social la pobreza monetaria ha disminuido en los últimos seis años de 23% a 16.7%. La desigualdad de 0.41 a 0.38, medido por el Coeficiente de Gini. El ingreso per cápita estaba en US$7,800.00 dólares por habitante. Hoy se encuentra en US$11,617.00 dólares de acuerdo al Banco Mundial. Es lo que se llama las brechas de bienestar.
Por el otro lado auscultamos los mecanismos de inclusión que han mejorado.
Sin embargo, dentro de estos indicadores objetivos, estadísticos, como parte medular de la cohesión social, se encuentran el grado de sentido de pertenencia, de inclusión y de confianza institucional, los cuales han mejorado. El permanente clima de la sociología del deterioro hace que una parte de la sociedad crea que hoy está peor que ayer, desde la esfera societal. Los seis indicadores de gobernabilidad del Banco Mundial han mejorado, tales son:
1) Voz y rendición de cuentas.
2) Estabilidad política y ausencia de violencia.
3) Efectividad gubernamental.
4) Calidad regulatoria del Estado.
5) Estado de derecho.
6) Control de la corrupción.
Porque la cohesión social significa el grado de cooperación, de encuentros y desencuentros de una comunidad. La manera de como abordamos en conjunto los obstáculos, las adversidades, la sobrevivencia, en conjunto, en solidaridad. Es el marco de entrelazamiento, de búsqueda de soluciones colectivas en los espacios públicos e íntimos. Nos pauta en el grado de integración funcional como sociedad, como grupo, como colectivo. Es la fuente inagotable, la cohesión social, del sentido de nuestra naturaleza gregaria. Integración funcional, confianza y solidaridad que se expresan en el sentido de pertenencia, de búsqueda del bienestar común en aras de un verdadero pegamento social.
Conducir un adecuado clima social y una loable cohesión social conduce a evitar lo que se da mucho en nuestra sociedad: el etiquetado, que al decir de Giddens “Es el proceso por el cual ciertos individuos y grupos sociales son identificados como poseedores de ciertas características, que les atribuyen otros individuos o grupos que poseen el poder y la influencia necesarios para que funcionen estas etiquetas”.
Es hora de dejar atrás, de rupturar el etiquetado, el maniqueísmo, la sinrazón que se dibuja en el hablar sin tapujos, en los prejuicios, estereotipos y discriminación que nos anulan como sociedad y drenan el clima social y la cohesión social.
