El mapa del PLD



Marino Beriguete

El Partido de la Liberación Dominicana ha decidido que el camino sea cuesta arriba. Recientemente escuché al expresidente Danilo Medina afirmar que su partido no se va a aliar con ninguna otra fuerza política. No fue una frase improvisada ni una reacción defensiva. Fue una definición estratégica.

Cuando un político con experiencia habla en esos términos, no está cerrando puertas por capricho. Está trazando límites y deja claro dónde pisa.

Desde esa afirmación se abren dos escenarios, ambos incómodos y ambos reales. De cara a 2028, el Partido de la Liberación Dominicana puede terminar de hundirse o puede validarse como opción propia. No hay zona gris.

O reconstruye una identidad reconocible o queda atrapado en la nostalgia de su pasado reciente, convertido en referencia histórica más que en proyecto político.

Medina entiende que las alianzas no siempre suman. En muchos casos, diluyen. Una eventual unión con la Fuerza del Pueblo implicaría un riesgo evidente: quedar absorbido por un liderazgo fuerte y personalista como el de Leonel Fernández.

Si esa alianza ganara, el PLD correría el peligro de convertirse en socio menor, con poca capacidad de imponer agenda. En política, ganar sin protagonismo también es una forma de perder.

Por eso la decisión de caminar solo no responde a soberbia, sino a supervivencia. El PLD apuesta a fortalecerse hacia adentro, a revisar su estructura, a reconectar con sus bases y a reconstruir un discurso que no suene reciclado.

Es una jugada arriesgada, sin duda. Pero es la única que permite medir su peso real en las urnas sin intermediarios.

El problema es que el escenario electoral sigue siendo confuso. Ninguna fuerza logra proyectarse con claridad. Predomina una especie de empate emocional, donde el desgaste del poder convive con una oposición fragmentada y sin relato común.

En ese vacío, el tiempo se vuelve un actor clave.

Si nada cambia, el Partido Revolucionario Moderno parte con ventaja. El poder suele quedarse donde está cuando enfrente solo hay dudas. El PLD ha decidido no esconderse detrás de nadie. Ahora debe demostrar que todavía sabe caminar con sus propios pies. A veces, en política como en la vida, es preferible perder solo que desaparecer acompañado.

Demuéstrame que estoy equivocado

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